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TODOS A LA MESA, TODOS A PACTAR

En un permanente y necesario estado de alarma nuestro país vive al igual que el resto del planeta un tiempo complejo. Un descanso obligado de nuestras vidas frenéticas. Un frenazo en seco cuya magnitud pocos podían prever al inicio de éste año, a pesar de la cantidad de expertos que brotan como la hierba, ahora que llegó la primavera. 

La crisis sanitaria y humana que nos asola, deriva en otras crisis, con consecuencias también fatales. La situación económica y social se torna cada día más desoladora para miles de españoles, que sin haberse recuperado de la última, ven como toda esperanza y posibilidad de salir a flote desaparece. La juventud que nació y creció con la crisis de 2008 y se socializó en los años del 15M y las protestas ocupan ahora la posición de aquellos miles de compatriotas que años atrás tuvieron que emigrar para poder ganarse un futuro digno. Y como entonces, la clase política tiene un papel fundamental, en la construcción de soluciones a los problemas y retos que están aún por llegar.Es en concreto en este tiempo de crisis donde los pilares de nuestro Estado social y de bienestar comienzan a quebrantarse, es el momento de respuestas. La política española, ha demostrado en los últimos días, haber aprendido algo tras la crisis económica de 2008. Y aunque es cierto que cada coyuntura es única en razones y causas, sus consecuencias en términos generales se asemejan. Tanto hoy como ayer el desempleo y la desigualdad social emergen como crudas realidades. 

Si los problemas no son nuevos, menos lo son las respuestas que la clase política a ha planteado en estos días. Unidad, solidaridad, acuerdo y pacto. Son palabras que comenzaron a resonar en las cabezas de todos hace apenas unas semanas. Cuando el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez anunciaba en rueda de prensa su voluntad de construir un nuevo acuerdo socioeconómico para España. Un pacto de Estado con la presencia de las fuerzas parlamentarias y agentes sociales. El Gobierno ha mostrado su voluntad de superar los debates estériles, para centrar todos los recursos en una única batalla común. Las ideas de lo colectivo, del consenso y el acuerdo vuelven. La unidad como respuesta ante los retos que están por llegar, parece ser la idea base de la estrategia del gobierno. Así el ejecutivo de Pedro Sánchez manifestó su voluntad de convocar  “a una primera reunión, a todas las fuerzas políticas que quieran participar de este gran acuerdo económico social para la reconstrucción del país” Y todo ello nos trajo a nuestros días la idea de “Los Pactos de la Moncloa”

Los nuevos pactos de la Moncloa

Creo, señores que nos podemos felicitar todos mutuamente” Manifestó Adolfo Suárez tras la firma del “Acuerdo sobre el programa de actuación jurídica y política” y “Plan de Estabilidad” Conociendo por todos como los Pactos de la Moncloa. Dos documentos, uno de carácter económico y otro político, que sirvieron de base para el camino en favor de la democracia. Hoy, 43 años después, la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, proponía un nuevo acuerdo económico para hacer frente a la compleja situación post cov-19. Una idea, recogida por Moncloa y que el mismo Pedro Sánchez hizo suya. Así, tras el anuncio de Presidente del Gobierno de la necesidad un nuevo acuerdo colectivo, el mito de la Transición y el consenso volvió a nuestros hogares. Hoy la gran pregunta debiera de ser, para que se quieren hacer estos pactos. Cuál es la razón por la que más de 40 años después la respuesta de la clase política de nuestro país a nuevos restos, sigue siendo la misma. Cuál es el motivo por el que se han de convocar unos nuevos pactos. 

Y aunque es cierto, que sin la existencia de los pactos de la Moncloa el proceso democrático hubiera sido casi imposible de realizar, pues fue en éste acuerdo conjunto donde se sentaron las bases de la economía de mercado social recogería la constitución. No estuvieron ajenos a crítica ni problemáticas. Para algunos fueron un momento necesario para la democratización de España, para otros una traición de la izquierda al sueño emancipatorio de la clase obrera. Pues, desde el punto de vista de las clases populares, los Pactos de la Moncloa supusieron un reves mas y una nueva  piedra en el camino en favor de la igualdad y justicia social. En definitiva, los pactos supusieron un importante programa de ajustes económicos, reducción de salarios y la liberalización del despido. 

La unidad y la diversidad

Quizás sea necesario mirar más allá de la mera idea o nombre de los Pactos, quizás la solución no sea en concreto un nuevo acuerdo social y económico que perjudique a los ya perjudicados enfatizando la desigualdad en favor de una Estabilidad y paz social estéril.  La idea de un nuevo pacto, basado en la unidad y el consenso por encima de toda diferencia partidista o ideológica esconde una artimaña difícil de descubrir. 

Negar toda diversidad ideológica o de opinión anteponiendo todo a un solo interés o razón, es un error en el que no se ha de caer. No somos Fukuyama ni estamos en los años 90 del siglo pasado donde la caída de la URSS parecía indicar el triunfo del capitalismo sin rival aparente. Pero al igual que el propio Fukuyama tuvo que corregir su famosa tesis sobre el fin de la Historia, nosotros no podemos afirmar hoy la inexistencia del enfrentamiento ideológico, la contraposición de intereses distintos cuando son estos la base de una sociedad a la vez diversa y desigual. En definitiva  se cae en un error ala afirma la ausencia de ideología. La superación de las ideologías y de los intereses supra-partidistas es un mantra habitual al que hemos de estar alerta, porque siempre hay un matiz, un interés ideológico que se quiere imponer, aunque éste se presente nacido de la unidad y el consenso, siempre. En las crisis hay perdedores y beneficiados. 

la paz social por encima de todo

Algunos autores consideran que, antes de implantar la democracia, es necesario desarrollar económicamente el país. ¿Si queremos una democracia estable, hay que ocuparse primero del desarrollo económico y dejar la democracia para después? Muchos autores dicen que la desigualdad afecta negativamente a la democracia, de manera que los países que son más desiguales es más difícil que hagan la transición a la democracia, que aquellos son más igualitarios. El argumento básico es que la democracia puede traer presiones para que los ricos tengan que distribuir a los pobres. Este fue el planteamiento presente en el 77. La necesidad de sentar las bases económicas y los mecanismo para desarrollar una economía de mercado moderna, eran el punto de partida para caminar en común en el ámbito político. La paz social  era necesaria en una España que se desengrasan en lo político y económico. Y si hay un actor en la Transición que ejemplifica esa lucha en defensa y búsqueda de la paz social, por encima de todo, es el Partido Socialista Obrero Español. Un partido que dejó el marxismo como ideología en la práctica antes que en la oficialidad de un congreso. Fue tras la firma de los Pactos de la Moncloa donde se observa el giro moderado como partido gubernamental. Apoyaron medidas económicas, en contra de sus ideales y postulados, todo por la paz y la estabilidad social. El PSOE se alejaba de todo atisbo de ser un motor de inestabilidad. Dejaba la calle y la nueva generación que había tomado el timón del partido desde Suresne sabían muy bien, que en el nuevo tiempo no había lugar para la retórica popular, ellos querían sentarse a la mesa en un sitio preferente.  Hoy, ese ideal invisible sigue vigente. Ha sido el PSOE y el Gobierno el que se han convertido en precursores de un nuevo pacto de reconstrucción social, no quieren cabos sueltos. El objetivo es evitar una nueva crisis de representación, el fin ganar la batalla y mantener la aparente estabilidad y normalidad  a pesar de vivir tiempos donde ello parece lejano. 

 

 

Unidas podemos, una compleja disyuntiva

Junto al PSOE el otro mástil que mantiene al Gobierno es Unidas Podemos cuya situación y posición requiere un analista concreto en relación a los Pactos.  Podemos y sus círculos, ya olvidados y pisoteados desde la propia organización, fueron producto de la crispación y el descontento social que inundó las plazas de España tras la crisis de 2008. En la corta pero vertiginosa historia de la organización, que pocos meses después de su existencia conseguía 5 eurodiputados allá por 2014- hoy algunos de ellos críticos con la organización- ésta ha cambiado de postulados y posiciones, estratégicas e incluso varios de sus fundadores y fundadoras han abandonado la formación. Pero si algo define a Podemos-aún mantengo la forma presente del verbo definir-es su posición de desafío al poder hegemónico de lo económico y político en ciertos sectores y campos. Podemos, hoy Unidas Podemos. tras su unión con Izquierda Unida, se ha manifestado continuamente como la alternativa a las fuerzas vivas del régimen del 78. A pesar que hoy comparte bancada azul con el partido clave de aquel régimen.  

Todo ello, los sitúa en una difícil situación programática y estratégica, la necesidad de reformular sus postulados, horizontes y pilares diferenciadores dentro de la fuerzas de izquierdas es un reto al que Podemos ha de hacer frente. Y si bien es cierto que la necesidad de Pacto se torna en una necesidad, la posición de Podemos y su utilización podría marcar el éxito o decepción ciudadana de la formación. Unidas Podemos en solo tres meses sentados en el Consejo de Ministros Ministras ha entendido lo complejo de gobernar, a dejado de lado-a ratos- el discurso ideológico twittero y el ansia revolucionaria juvenil para dirigir la vida real de las personas. Ello no es mejor ni peor, Podemos no puede dejar de ser Podemos por el solo hecho de Gobernar. Pero no acogen con el mismo entusiasmo que el PSOE la propuesta de Ciudadanos. Las ideas de unos nuevos pactos de reconstrucción pueden ser el detonante de una crisis entre los socios del gobierno. Como lo han sido algunas de las últimas decisiones tomadas desde el gobierno como la vuelta esta misma semana al trabajo en las actividades no esenciales. Pues el riesgo de contagios se hace más probable en aquellos sectores más precarios, con medidas así. Idea está defendida por los miembros de Unidas Podemos. Pero como ya dije la posición de Podemos en la mesa de negociación y en el propio Gobierno puede ser una ventaja para reducir el grado de presión del sector empresarial  y conservador. Acciones estas también poco tendentes al acuerdo y consenso.  

 

Pasó y no volverá a pasar

 

Si hay una palabra que definió a la Transición, para bien o para mal, fue la idea de consenso, “la concordia fue posible” se lee en el tumba de Adolfo Suárez. Hoy, la palabra  consenso vuelve a presidir en el ambiente, la idea de unidad como única vía para salir de esta situación. Y es que ante momentos cruciales la respuesta a los desafíos no está en un lado u otro, la necesidad de caminar en conjunto, sin olvidar a nadie, se constituye como la única respuesta ante la crisis que tarde o temprano volverá a hacer temblar la frágil estabilidad social y económica de dentro y fuera de nuestras fronteras.  Fue esta la idea clave que estuvo presente en las negociaciones y en la necesidad de acuerdo en tiempos de la Transición. Un momento histórico, que en ocasiones se ha mitificado en exceso, incluso separando en demasía el mito de la realidad. 

El mito de la Transición modélica, es como todo mito mezcla de ficción y realidad. No fue pacífica ni en la calle ni el parlamento. Hubo sangre y víctimas. Y a veces creo que también uno vencedores y vencidos. Nada estaba escrito y mucho menos planificado en los tiempos de la Transición. Los Pactos de la Moncloa no fueron un camino fácil, no estuviera ajeno a debate y discusión. La compleja situación económica y social empujó a Adolfo Suárez en la necesidad de convocar a partidos y sindicatos. El líder de la oposición-en aquellos tiempos- Felipez González decidió asistir una vez que Carrillo también lo había hecho. Para así evitar que el tiro saliera errado y que un PCE fiera de los pactos fuera la alternativa de un PSOE aún no hegemónico. Fraga, líder de Alianza Popular, germen del actual partido popular, se negó a firmar el acuerdo político, en el que se reclamaba una mayor libertad de extensión y extensión de derechos civiles.

 

La situación económica en 1977 era dramática tanto desde el punto de vista macroeconómico como para los hogares españoles. La necesidad de reformas, eran una obligación, más que una opción. Con ese objetivo de reformas, el Presidente Adolfo Suárez y su equipo en esta aventura, liderado por Fuentes Quintanas como vicepresidente económico, convocaron a partidos políticos y agentes sociales en el otoño de 1977 para darles detalle de la difícil situación y proponerles un pacto, la estabilidad económica y social, era necesaria, en una España en construcción. La necesidad de pacto y reconstrucción de un país que silenciosamente comienza a aumentar su deuda pública y a entrar en recesión, se convierte en una alternativa. Una propuesta que al igual que entonces ha sido presentada por el Gobierno, un gobierno sin la mayoría parlamentaria al igual que el liderado por Adolfo Suárez en 1977. Pero a pesar de estas semejanzas. La España de ayer y de hoy son dos escenarios completamente distintos, dos realidades ajenas una a la otra  que se han desarrollado en un mismo espacio geográfico.

Son muchas las diferencias sociales, económicas y políticas que diferencia el presente de nuestro país y la España de 1977. El contexto nacional, europeo y mundial es completamente nuevo. Aunque sí bien es cierto que tanto como entonces hoy también España vive una situación económica compleja y difícil. La unidad que se reclama hoy supera el ámbito nacional, y esto es una diferencia clave respecto al 77 donde la idea de Europa estaba aún lejos de España. unidad política, unidad labora y Unidad en Europa.  Gobiernos y oposición, empresarios y trabajadores, la Europa del norte y la Europa del sur. España no puede tomar una decisión sin el beneplácito de Bruselas. 

 Así, quién imagine la posibilidad de acuerdo como en el 1977 creo humildemente que se equivoca. Nada fue fácil antes y tampoco lo será ahora. La nueva mesa que en un futuro hipotético se constituirá tendría presencia femenina,  menos corbatas y una media de edad más joven. Tampoco se sentarán en ella históricos rivales de guerra, ni líderes sindicales con años de cárcel a sus espaldas, ni si quwira el PSOE o PCE serían lo que son hoy. Mucho menos el Partido Popular. Nuevos y viejos invitados a una mesa donde siempre los mismos pierden su silla. Además, si a todo ello se suma la crispación y falsedades que las últimas semanas se estan desarrollando desde las redes sociales y el Parlamento por los parido conservadores, la posibilidad de unidad y acuerdo parece imposible. Es difícil una nueva concentración de fuerzas políticas, sindicales y empresariales, no solo por las diferencias contextuales sino porque la voluntad  de acuerdos de los que estan llamados a ser protagonista hoy no es la misma de 1977. A todo ellos se suma la inexistente voluntad de de camino de la derecha española para aplicar medidas que no estén basada en la austeridad y la limitación de bonificaciones. Los postulados económicos de las formaciones de derecha son un ejemplo de la imposibilidad de acuerdo. En 1977 había nulo recorrido político, la política empezaba a caminar, hoy hay memoria y hemeroteca. Todo se complica y más cuando la voluntad de apuya los servicios públicos, medidas expansivas  y la equidad es nula para la derecha, preocupada por el Régimen Venezolano o la programación de RTVE.  La recesión que se avecina requiere de medidas drásticas y valientes, para evitar los efectos de la crisis de 2008, efectos que no parecen importar a parte de los protagonistas llamados a pactar. 

El pacto como un largo camino 

En un artículo pasado sobre la posibilidad de acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos para la gobernanza de nuestro país, definí la idea de acuerdo y pacto como la capacidad de “medir las fuerzas del otro, echar un pulso al que a la vez es enemigo y compañero de juego, centrarse en lo programático y dejar de lado lo personal y el interés partidista”. Difícil todo ello en estos tiempos de frenesí electoral. En cierta manera los nuevos e hipotéticos Pactos de la Moncloa son una nueva oportunidad para medir las fuerzas con las que cuentan las distintas fuerzas políticas. Una lucha continua de cesiones interesadas, de logros particulares y un juego estratégico que hace olvidar el objetivo común y con ello las posibilidades de éxito del acuerdo. De esta forma el juego de fuerzas políticas con sus fortalezas y debilidades pueden ser la razón que motive el pacto o en su caso la razón que niegue tod posibilidad de los mismos. 

Lo clave no está en la narrativa de los hechos, ni en la suntuosidad del acuerdo si no que lo importante es que de esta crisis salgamos todos, sin olvidar a nadie ni nada. Lo central, en definitiva es establecer las reglas de como se ha de gestionar y asumir los problemas derivados de esta situación y no tanto la forma que tomen dichas medidas, ya sean en pacto o no. Hay que sentar las bases de un nuevo proyecto de país.

 

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