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PERIODISTAS: peones en el juego del poder

Todos tenemos convicciones e ideas que defendemos con fervor, con las que nos identificamos y que incluso nos definen pero, ¿hasta qué punto son nuestras? ¿cómo saber que no han sido impuestas desde fuera? Al poder le gusta manipularnos para conservar su posición privilegiada y legitimarse: los medios de comunicación son la herramienta perfecta para hacerlo. Por ello, es interesante plantearse de dónde vienen las noticias que consumimos y si el periodista, supuesto vigilante –watchdog– del poder, puede de verdad ejercer su función.

A lo largo del día, llegan a nosotros una cantidad ingente de mensajes -no sólo de WhatsApp- que condicionan nuestra percepción de la realidad. Anuncios en YouTube, Instagram, en el correo y en la televisión, series de Netflix, vídeos de Facebook, tuits de las trescientas personas a las que seguimos, noticias en la radio, en medios digitales, en blogs, en canales de Telegram y un largo etcétera. Estamos sometidos a un bombardeo constante del que es difícil escapar. Muchas voces gritan, queriendo ser oídas, y es imposible escuchar alguna con claridad. Aún así, estas voces crean un imaginario en nuestras cabezas, imaginario que luego utilizamos para interpretar los acontecimientos de nuestro mundo. Esta sobreinformación es la censura de nuestra época. Por ello, para no perdernos en la avalancha de datos, declaraciones varias y supuesto periodismo, es más importante que nunca saber de dónde viene el producto, ponerle a las noticias esa etiqueta de «made in» y tener claro quiénes están detrás. 

En esta sociedad de mercado en la que estamos inmersos, el capital es la gasolina que mueve el motor de egos y poder en el que todos aspiran a crecer, crecer y crecer. Los medios de comunicación forman parte de esta dinámica: son empresas con intereses económicos que forman parte de una gran estructura que los condiciona. Estados Unidos, Europa y Japón son, desde el siglo pasado, zonas dominantes en la producción de productos informativos y de entretenimiento. En este contexto aparece también China. Las empresas más ricas del mundo como Alphabet (Google), Amazon, Comcast, Disney, Facebook, Bertelsmann, Sony, o Tencent Holdings tienen su sede en estos lugares.  

La homogeneidad del mensaje

En Estados Unidos, podemos ver como sus medios principales, Disney, la CBS, Time-Warner, Viacom, Comecast o News Corporation, están en manos de los mismos fondos de inversión: The Vanguard Group, Blackrock o State Street Corporation. Todos, en menor o mayor medida, poseen acciones de los grandes medios de comunicación y de las grandes tecnológicas, aunque no son los únicos: hay empresas del sector inmobiliario, bancario, farmacéutico, -u otros sectores ajenos al de la comunicación- que tienen mucho que decir dentro de los consejos de administración de los gigantes de la comunicación. Si estas empresas poseen gran parte del accionariado de los medios, ¿cómo puede el periodismo ser crítico con el poder? ¿Cómo puede el periodista vigilarlo si forma parte de él? No muerdas la mano del que te da de comer, nos dicen. 

El sistema es inteligente y ha construido una ilusión de pluralidad informativa en torno a la cual giramos todos. Como hay medios con tendencias políticas aparentemente distintas creemos que la pluralidad de voces existe. Nos encontramos con empresas de comunicación que no sólo nos dicen qué pensar, sino que también deciden cuáles son los asuntos «importantes» que merecen nuestra atención. En España, la prensa, la televisión o la radio a duras penas hablan de nuestro vecino Portugal o de otros países europeos como Bulgaria, pero no dudan en contar que ya se ha puesto el árbol de navidad en el Rockefeller Center o relatar la última locura que ha dicho Trump. ¿Por qué se habla tanto de Venezuela pero nunca de Cuba? ¿Por qué son siempre los mismos países y figuras los protagonistas de las noticias? En los temas que no se tratan es donde encontramos la esencia del orden mundial establecido.

¿Made in España?

En España, los fondos de inversión anteriormente mencionados, también tienen gran influencia. Blackrock posee acciones en casi todos los bancos de nuestro país (Bankia, BBVA, Santander…) y en otras empresas como Telefónica o Grupo Prisa, a la que recientemente ha comprado, junto con el fondo de inversión CVC Capital Partners, la mitad de su deuda. 

En nuestro país, nos encontramos que el capital de los periódicos más leídos como pueden ser El País (Grupo Prisa) o El Mundo (Unidad Editorial), está en manos de accionistas extranjeros y ajenos al sector de la comunicación. Como ya hemos visto, la influencia de Blackrock en el Grupo Prisa es innegable. En el caso del periódico El Mundo, vemos que pertenece a Unidad Editorial, que a su vez pertenece al grupo italiano RCS Media Group: hasta la última palabra de lo que se publica en este periódico es controlado desde Italia.

¿Cómo nos afecta esto? De repente, una mañana te levantas y ves lo mismo en las portadas de casi todos los periódicos: Endesa quiere una sociedad libre de emisiones, busca soluciones de cara a la COP25. Endesa, al igual que otras empresas, puede influir en la visión que tenemos de ella pagando a los medios. Vemos estos titulares por todas partes pero no nos cuentan que es la empresa más contaminante del país. La verdad se disfraza, se camufla con la avalancha constante de información.

Portadas prensa española el 2 de diciembre de 2019. Fuente: La Voz del Sur

 

En la televisión, el panorama es parecido: gran parte del capital de Mediaset, empresa a la que pertenecen cadenas como Cuatro o Telecinco, está en manos del italiano Silvio Berlusconi. Atresmedia tampoco se queda atrás: la empresa dueña de La Sexta o del diario La Razón, Grupo Planeta, tiene entre su accionariado al gigante alemán Bertelsmann. El mensaje imperante nos hace creer que La Sexta es un canal con una ideología que tiende a la izquierda pero, ¿cómo va a serlo si la empresa a la que pertenece tiene entre su accionariado a un grupo empresarial tan conservador como Bertelsmann?

La alianza entre el poder político, el económico y el de los medios de comunicación es una realidad innegable que vemos reflejada en estos datos. Se cubren las espaldas unos a otros y garantizan la perpetuidad de un sistema desigual en el que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. No es cuestión de dejar de lado la prensa generalista, pero sí ser conscientes de que su mensaje es, en última instancia, la misma cantinela de siempre disfrazada de pluralidad. 

 

Martina Andrés (1998). Periodista con la mirada puesta en el mundo de las corresponsalías y en lo internacional. Actualmente estudiando un máster de Escritura Creativa en la Universidad de Sevilla y profundizando en el periodismo de creación. Siempre escuchando un podcast nuevo.

Para ampliar:

  • REIG, R. y LABIO, A. (2016). El laberinto mundial de la información. España: Anthropos. 
  • https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/02/09/companias/1581261935_509906.html
  • https://www.elconfidencial.com/empresas/2020-11-25/blackrock-cvc-compran-deuda-prisa-ultima-palabra-venta-elpais_2846532/
  • https://www.eldiario.es/economia/inversor-completa-presencia-espanola-bolsa_1_5972618.html

 

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