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Nuestras hermanas

Ayer las calles de las principales ciudades se volvieron a llenar con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Un año más, toca poner el foco en la lucha feminista. Pero esta vez quiero hacerlo mirando a América Latina, a Chile en concreto, donde ayer se hizo historia. Se esperaba un marzo potente debido mezclando las protestas que empezaron a mediados de octubre y el 8M. Se estima que cerca de 4 millones de personas salieron, una vez más, a las calles en distintos puntos del país por los derechos de la mujer.

 

Las primeras grandes marchas

Mayo del 2018 marcó ya un antes y un después en el país andino; cuando cientos de estudiantes salieron a reclamar una educación igualitaria. Ellas, cansadas de ver que la igualdad efectiva no solo no llega, sino que tampoco es perseguida por el poder, se hicieron con las facultades y paralizaron quince de las principales universidades del país. El alto número de agresiones y abusos sufridos en el ámbito de educación fueron detonantes de las movilizaciones. A eso debemos sumarle la brecha de género existente: según el informe del OECD de ese año, 2018, las mujeres en Chile ganaban un 31,7% menos que los hombres; colocando al país en la cola del ranking latinoamericano.

 

La lucha feminista en las marchas actuales tras el 18 de octubre

Chile ha estado en el foco de mira desde que comenzó el estallido social. Cientos de personas se reúnen cada día en el centro de la capital para protestar contra un sistema que los oprime. Muchas son las mujeres que forman parte de lo denominado “primera línea” en dichas marchas. Se sitúan cada tarde en el límite que separa al pueblo de los carabineros. Lo hacen encapuchadas, a sabiendas de que su uso supone un agravante para las autoridades. Lo hacen porque, de esta forma, se identifican y se protegen, pues saben dónde pueden encontrarse entre compañeras. Las capuchas se han convertido ya en un símbolo como lo hizo el pañuelo verde por el aborto en Argentina. En medio del estallido social, ellas salen y demuestran que su lucha también está ahí. Que las demandas deben de ir acompañadas del progreso en materia feminista. Que ambas luchas deben ir siempre unidas, pues solo así se puede llegar a alcanzar una verdadera igualdad; y sin olvidar nunca a las mujeres indígenas.

Las mujeres se movilizan pidiendo una vida digna; pero no debemos obviar las consecuencias que sus manifestaciones pueden tener en su país, donde la represión ya es muy conocida. No debemos olvidar el abuso por las autoridades. El Instituto Nacional de Derechos Humanos indicaba en noviembre que ya se habían reportado 93 casos de violencia sexual, entre las cuales se encontraban 56 mujeres, de las cuales 16 son menores.

El pasado miércoles, el Gobierno determinó que la nueva constituyente sería paritaria; se demanda, pues, que la nueva Constitución se redacte desde una perspectiva feminista, lo cual implica que realmente se tengan en cuenta la salvaguarda de los derechos de las mujeres. Piñera ha sacado también adelante una nueva ley que refuerza las penas en materia de violencia de género, la llamada Ley Gabriela. El delito de feminicidio se verá ampliado, castigando por este tipo cualquier homicidio que se produzca por razón de género y no solamente aquellos cometidos por los cónyuges o en convivencia.

Un violador en tu camino. 

A un mes de comenzar las protestas, el colectivo procedente de Valparaíso, Las Tesis, actuaron frente a una comisaría en forma de protesta contra los abusos de las Fuerzas del Estado. En pocos días, esta canción se había convertido en un himno feminista que dio la vuelta al mundo. La fuerza de estas mujeres provocó que otros colectivos salieran a imitar la actuación en distintos países; miles de mujeres se veían reflejadas en dicha actuación.

También han jugado un papel importante aquellas artistas que han alzado la voz en forma de canciones. Destacan Mon Laferte y su tema Pla Ta Ta, apoyando la lucha, y Ana Tijoux, cuyos temas se han vuelto virales de nuevo. Dos mujeres que tienen claro que ambas luchas deben ir de la mano, dado que el feminismo no se puede entender sin el componente de clase. Precisamente la primera protagonizó una de las grandes polémicas del año cuando acudió a los Grammy con un mensaje escrito con el pecho descubierto, dando visibilidad a la lucha de su pueblo. Son en parte las caras femeninas más visibles de un movimiento que lleva el feminismo en sus venas.

 “Estas mujeres son la hostia y no lo saben” me comentó una amiga caminando por las calles de Santiago una tarde de diciembre, mientras cientos de personas coreaban los himnos mencionados. Y pienso ahora que ojalá siga siendo así; que sigan construyendo y luchando sin perder la humildad y fuerza que las caracteriza.

 

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