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MADRID, ¿CÓMO SURGE UNA DISTOPÍA?

Las recientes medidas contra la pandemia de Isabel Díaz Ayuso acercan a la Comunidad de Madrid a un horizonte cuasi distópico

Los pobres pudiendo desplazarse de sus guetos solo en caso de tener que ir a trabajar en los barrios pudientes; los ricos disponiendo de libertad plena para desarrollar sus vidas. No, este no es el argumento de una nueva ficción distópica de Neftlix. Es la situación actual de la Comunidad de Madrid tras la esperpéntica rueda de prensa de Díaz Ayuso e Ignacio Aguado. El Coronavirus ha permitido a los dirigentes de la Comunidad de Madrid justificar medidas discriminatorias para con los pobres, -como el cierre de los parques, ¿alguien duda de que si los parques fueran privados, no se cerrarían? -, medidas que no aspiran a combatir la pandemia, sino a establecer un muro entre la salud de los pobres y la salud de los ricos.

En el best-seller «No Society», el geógrafo francés Cristophe Gilluy apelaba al famoso “There is no society” de Margaret Thatcher para desarrollar el ‘triunfo’ de la filosofía thatcheriana en escasas 200 páginas. Un modelo de sociedad neoliberal y anarcocapitalista donde la libertad va asociada al dinero, relegando al Estado a una posición de estorbo para este proyecto descivilizador (y eso en el mejor de los casos. En el peor, un agente dedicado en exclusiva al servicio de las élites). La Comunidad de Madrid va a ostentar el dudoso honor de ser la primera región del mundo donde la secesión de las élites se ha hecho real legalmente.

Los jóvenes (millenials) hemos crecido con las historias de JK Rowling y Suzanne Collins. Harry Potter y Los Juegos del Hambre han sido dos obras difundidas a nivel global, obras que desarrollaban con claridad el peligro de la discriminación racial (sangre sucia/limpia) y económica en cualquier sociedad. Hoy asistimos atónitos a la manera en que la Comunidad de Madrid ha utilizado una pandemia global para discriminar a los pobres en base al Coronavirus. Lejos quedan aquellos días donde nos decían y repetían que el Coronavirus no discriminaba entre clases sociales. Pronto supimos que sí discriminaba, al igual que la Comunidad de Madrid dirigida por el Partido Popular y Ciudadanos. El tuitero Pablo Matilla señalaba que todas las zonas de la capital confinadas fueron barrios donde el PSOE ganó las elecciones generales. ¿Casualidad?

El efecto Glasgow vuelve a ser de actualidad en la pandemia. Se vuelve a poner de manifiesto lo que múltiples estudios han demostrado. La diferencia de nacer en un barrio obrero y en uno pudiente siempre ha sido abismal. No solo en lo económico. Una mayor esperanza de vida unida a una mayor calidad de vida albergaba a los afortunados de nacer en zonas ricas frente a los que nacían en zonas menos pudientes. Habitualmente, un fenómeno que depende de simples kilómetros. Distancias que pueden ser paseos. Las limitaciones de la Comunidad de Madrid llevan este fenómeno al extremo, apuntando institucionalmente a los barrios más castigados siempre, ya sea con o sin pandemia por medio. Los barrios obreros no tienen culpa alguna de que, en vez de luchar contra la pandemia, las élites neoliberales de Madrid hayan decidido dejarlos abandonados a su suerte. ¿De verdad alguien cree que estas medidas tienen como objetivo frenar la pandemia? ¡Pero si los trabajadores seguirán amontonados en los metros!

Ante esta coyuntura, donde los trabajadores tendrán su libertad de movimientos delimitada a su trabajo, solo nos queda la esperanza de la decencia común (‘common decency’) de las clases populares. Desde Andalucía, es momento de apoyar con toda nuestra alma a todos aquellos y aquellas que van a sufrir en sus carnes las consecuencias de las medidas de Ayuso. Allí hay andaluces, por supuesto. Todos conocemos a algunos. Pero también hay españoles de todas las comunidades e inmigrantes, inmigrantes a los que sentimos como nuestros ahora más que nunca. No, los contagios no crecen por modo de vida de los inmigrantes. Crecen por la incompetencia de quien invierte el ingente dinero recibido por el Estado en bajadas masivas de impuestos a los ricos y no en una atención primaria sólida para proteger la salud de todos frente al virus.

 

Daniel Valdivia

(fotografía Daniel Gago)

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