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LA MASACRE DE NANJING

China celebra cada 13 de diciembre el Día Nacional en memoria de las víctimas por la Masacre de Nankín por el Ejército Imperial Japonés, día establecido desde febrero de 2014 por el ex-presidente Xin Jinping. El motivo de esta  conmemoración se remonta a 1937, año en el que el ejército japonés invadió la ciudad de Nanjing y dejó a alrededor de 300.000 fallecidos y 20.000 mujeres víctimas de violencia sexual.

Cada año, los líderes del Comité Central del Partido Comunista de China y el gobierno central asisten a la conmemoración de un olvidado acontecimiento en la historia mundial, que tiene lugar en la plaza frente al Salón Memorial de las Víctimas de la Masacre de Nankín. Junto a desfiles militares, discursos de los personajes políticos y la liberación de cientos de palomas como símbolo de las víctimas; se celebran actividades conmemorativas en varios lugares del país con el objetivo de conmemorar un suceso que dejó a miles de personas sin sus más queridos y con aspiraciones a que las
víctimas puedan obtener las reparaciones debidas.

La masacre de Nankín

Años antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Imperial japonés invadió la ciudad de Nankín – la entonces capital de China desde 1912 – con el fin de extender su territorio y, consecuentemente, su Imperio. La victoria llevó a los soldados a cometer todo tipo de atrocidades hacia el ejército militar chino y hacia la población civil por medio del uso de la violencia y el sometimiento de la población china, todo ello motivado por unos valores e imaginarios nacionalistas y
supremacistas que situaban al individuo japonés por encima de cualquier otro sujeto.

A pesar de situarse en un contexto de debilidad y ocupación enemiga, se crearon campos de refugiados – como el campamento Jinling -, o zonas de seguridad bajo la protección alemana y bajo el liderazgo de figuras como John Robe, Minnie Vautrin y Shui-Fang Tsen, que recogieron su día a día en diarios que más tarde fueron utilizados como pruebas en los tribunales internacionales, en específico, en el Tribunal Militar Internacional para el Lejano Oriente o Tribunal de Tokio y en el Tribunal de Crímenes de Guerra de Nanjing.

Asimismo, es importante destacar que este suceso es también conocido como “las violaciones de Nankín”, donde mujeres y niñas fueron forzadas a tener relaciones sexuales con los soldados imperiales, ejercer de prostitutas para ellos. Dichas violaciones perpetradas y continuas hacia mujeres y niñas fueron causa de un sistema establecido de esclavitud sexual organizada en Japón a principios  del siglo anterior, una red denominada Comfort Women, en que tenían como principal objetivo “recompensar” los servicios militares proporcionados por los soldados. De la misma manera, las llamadas Comfort Women o mujeres de consuelo, constituyeron, en China, un grupo de mujeres que actuaban como prostitutas para los soldados y que tuvieron por fin evitar la violación de otras mujeres de los campos de refugiados. No obstante, las mujeres chinas no fueron víctimas de un suceso extraordinario y esporádico unido a la invasión japonesa, sino que de la misma forma, la conducta militar japonesa fue reiterada en la invasión a Corea (1910-1945).

Tras la Segunda Guerra Mundial y la derrota japonesa en 1945, se iniciaron procesos judiciales que dieron lugar al Tribunal Penal Militar para el Lejano Oriente y al Tribunal de crímenes de guerra de Nanjing, por los cuales oficiales y generales del ejército imperial japonés fueron sentenciados, a pesar del escaso número de pruebas existentes. Además, en 1952, entró en vigor el Tratado de San Francisco que concluyó con la paz entre las Fuerzas Aliadas y Japón, así como se consagró el
compromiso de Japón a dejar de ser una potencia imperial, asignar compensación a civiles y prisioneros de guerra, y a terminar la ocupación militar, entre otros acontecimientos. 

Sin embargo, la Guerra Civil china acontecida entre 1945 y 1949, junto a la mejora de relaciones entre Japón y China en los años setenta, promovieron que esta masacre no recibiera la trascendencia internacional que merece. A pesar de que el primer ministro Tanaka en 1972 y, posteriormente, Murayama en 1994, reconocieron el daño moral causado durante el conflicto, no se estableció ningún tipo de reparación, principio de no repetición y memoria hacia las víctimas.

No obstante, los años ochenta cambiaron el panorama asiático. Ante la actitud de políticos e intelectuales extremistas japoneses de reescribir la historia con el fin de encubrir el pasado y los crímenes de guerra protagonizados por el Estado, las relaciones entre los países se tensaron. Países como Corea también denunciaron el intento japonés de manipular la historia pública. Así, en 1985, se inauguró el Salón Conmemorativo de la Masacre de Nankín. Además, en 1992, el Secretario Jefe de Gabinete japonés Yōhei Kōno, en su discurso denominado Kono Statement, admitió por primera vez la responsabilidad japonesa en la trata sexual de mujeres y la existencia de las mujeres de consuelo durante el período de la Segunda Guerra Mundial.

Como resultado, el Gobierno de Japón estableció la Asian Women’s Fund (AWF) en 1995, con el objetivo de ofrecer compensaciones económicas a mujeres víctimas de la trata en Filipinas, la República de Corea y Taiwán. Sin embargo, se excluyeron las indemnizaciones hacia las mujeres de Nanjing debido a que el Gobierno chino renunció a las compensaciones de Japón en 1972, priorizando la normalización de relaciones diplomáticas.

Hace pocos años, la declaración pública de Kōno fue rebatida por el siguiente y primer ministro en funciones de 2012 a 2020, Shinzō Abe, que negó todo tipo de existencia de un sistema de esclavitud sexual y demás crímenes cometidos. Asimismo, en el escenario internacional, actualmente existe un espacio para conmemorar a las Comfort Women en el Programa de Memoria Mundial de la UNESCO (Memory of the World Program), así como a los que fueron asesinados en el conflicto. 
Como resultado, cada 13 de diciembre, la población china rememora un acontecimiento que dejó huella en muchas familias y mujeres. Parte de la población china, generalmente anciana, recuerda los hechos como uno de los episodios más oscuros que sufrió el país y mantiene actitudes algo hostiles ante la población japonesa. Las generaciones más jóvenes, sin embargo, han podido aprender de ello en redes sociales, piezas cinematográficas y libros de texto. En el caso de las generaciones más jóvenes japonesas, de nuevo, se han nutrido de dicha información por medio de libros e historia
impartida en clases. No obstante, dicho suceso es denominado por los nipones como “el incidente de Nankín” y no como la “masacre”, debido a la gran controversia que dicho acontecimiento provocó en ambos Estados.

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