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LA IZQUIERDA EN HOLLYWOOD

Hace apenas unas semanas nos dejaba Olivia de Havilland, y con ella se iba la última gran estrella del Hollywood clásico. La época dorada del cine estadounidense comenzó entre los años 30 y 60 del siglo pasado. Lo que muchos no saben es que, además de una larga lista de éxitos cinematográficos, se libró una batalla ideológica que hemos descubierto con el paso de los años.

Durante aquella etapa hubo un grupo de personajes afines a sectores de izquierda (directores, actores, productores) que alcanzaron puestos de relevancia en el cine hollywoodiense y que lograron introducir su ideología creando una nueva corriente, alejada del carácter comercial que se venía dando en el país. Con un cariz más social, irrumpía un nuevo cine centrado en temas raciales, anticapitalistas y, en algunos casos, feministas. Lo hicieron sorteando las trabas de los estudios, así como la censura que a lo largo de los años se fue imponiendo.

El cine fue la única esfera cultural en la que caló el ideario socialista de una manera más profunda y perdurable. Motivado en gran parte por las circunstancias de la década  de 1930, con un evidente vacío en las fuerzas progresistas del momento, nace un sentimiento de rebelión antifascista, sindicalista y abiertamente antisemita. Pero tuvieron que pasar algunos años para encontrarnos ante esta situación.

Tras la Revolución rusa, el anticomunismo ocupó el centro de la política bipartidista estadounidense llevando en un primer momento a una indiferencia social ante los nuevos movimientos fascistas y antisemitas que nacían en el continente europeo. El fin de la Primera Guerra Mundial creó un escenario de resistencia al compromiso con Europa; en un primer momento, el fascismo fue catalogado por las élites estadounidenses como un movimiento de defensa del derecho de la propiedad y de protección frente a la amenaza moral del comunismo. Bajo este escenario, parece difícil vaticinar que años más tarde se estrenarían filmes como Mission to Moscow (1943), North Star (1943) y Song of Russia (1944) bajo el sello de productoras de Hollywood y con una temática pro-sovética. El rodaje de estas cintas fue el resultado de una etapa en la que Estados Unidos y el régimen de Stalin compartían intereses y en donde se ensalzó el comunismo. Tres títulos  que se empequeñecen comparados con  Lo que el viento se llevó, calificada como “La película más importante de Hollywood, difícil de superar por su justificación histórica de un sistema inmensamente más despiadado, extendido y duradero que el estalinismo” en palabras de Paul Buhle y Dave Wagner en su obra La izquierda en Hollywood.

Entonces ¿cómo se llega a irrumpir el comunismo en el paseo de la fama? En 1935 Stalin instruyó a sus facciones la necesidad de buscar alianzas en un intento de frente popular, momento en el Hollywood inició su viraje hacia estos ideales. El creciente nazismo en Alemania, y la Guerra Civil Española, removieron los sentimientos populares, y permitió que se abriera una rendija por la que introducir la doctrina estalinista. Muchas caras conocidas de la época estuvieron ligadas al Partido Comunista durante la década de 1930 y 1940. Otros tantos lo hicieron mediante la proyección de mensajes políticos y sociales en la vida cultural estadounidense a partir de películas y documentales. Directores como Herbert Biberman o Edward Dmytryk promovieron este tipo de acciones y más tarde engrosarán las famosas “listas negras”. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría, figuras como Ronald Reagan auspiciaron el peligro que suponía la extensión de los ideales comunistas y tomaron cartas sobre el asunto.

Además del contexto histórico, el éxito de este movimiento dependía del mismo modo de las políticas del New Deal, con la figura de Frankling Roosvelt. Las grandes compañías cinematográficas motivadas por los beneficios económicos, y las agencias federales divisando un futuro promovedor, fomentaron el consumo de este tipo de cine, sin saber que  en realidad se trataba de un arma de doble filo, que con el tiempo pagarían caro.

En este sentido el movimiento de izquierdas se gestó en la sombra, intentando crear su propio camino entre el sindicalismo cotidiano junto con asuntos de trascendencia internacional. Como vemos, detrás de las cámaras se esconde un mundo que trasciende del mero entretenimiento y del propio arte cinematográfico. Fueron esos pequeños cambios en la cultura popular, que como todos los comienzos son sutiles, los que llegaron a generar un impulso popular de simpatía hacia la izquierda liberal. Las películas no gozaban del prestigio moral entre los intelectuales de la época como lo hacen hoy día. Quién iba a pensar que desde las pantallas se estuviera contribuyendo positivamente a un cambio social sin precedentes.

Se trató por tanto de un conjunto de redes de poder político, económico y sobre todo ideológico, las que nutrieron algunas de las más importantes producciones de los diversos géneros del cine. Películas como Hopalong Cassidy con Michael Wilson como guionista, introduce de manera muy sutil el mensaje anticapitalista. Su protagonista, “Hoppy”, retratado con apariencia de Robin Hood, intercedía ante ciudadanos deshonestos que se aprovechaban de sus opuestos. Producciones con subgénero gánster como es el caso de The Public Enemy  (1931) cuyo actor principal (James Cagney) fue conocido por apoyar el movimiento sindical, además de las huelgas del Valle de San Joaquín en 1934.

Muchos de nosotros habremos disfrutado en nuestra infancia de la magnífica obra de Victor Fleming, El Mago de Oz (1934). Siguiendo el camino de baldosas amarillas, acompañamos a Dorothy en la búsqueda de su perro con la lucha de clases como telón de fondo. Parece que no solo eran rojos los zapatos.

Tras estos primeros pasos, los comunistas avanzaron hacia una perspectiva más sofisticada a medida que la década llegaba a término. Títulos como The Rose of American Fil, de Lewis Jacobs (1939), introduce por vez primera un tema más intelectual. En las sucesivas cintas, el director tratará cómo el potencial “arte del pueblo” madura y crece hacia su responsabilidad. “El marxismo no era una dedicación bolchevique extremista sino una dedicación al futuro de la humanidad”

No debemos olvidar que durante los años 1936 y 1938 el Partido Comunista de los Estados Unidos perdió apoyos tras los Procesos de Moscú y el Pacto Ribbentrop- Molotov de 1939. A la par, en 1938 se creó una escuela secreta para los Hollywodienses, más tarde conocida como la Writer American League, que no solo atrajo a nuevos aspirantes, también a algunos agentes del FBI.  El declive comenzó a ser evidente, el gobierno de los Estados Unidos mostraba interés ante los posibles vínculos cinematográficos con el ideario comunista, tal como publicó en su informe el  Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC) en 1938.

Entrada la década de los años 40 y 50 se inició lo que se conoce como la “Caza de Brujas” del cine estadounidense iniciada por el senador Mc Carthey, junto a la antes mencionada  HUAC. Se confeccionó una “lista negra” repleta de guionistas, actores, directores, músicos, además de otros profesionales del mundo del entretenimiento, se les negó el empleo por su supuesta pertenencia o simpatía con el Partido Comunista, o por su negativa en la colaboración de las investigaciones que se estaban llevando a cabo.

La carrera profesional de algunos de estos artistas se vio frustrada, llegando en algunos casos al exilio. A partir de este momento, la industria del cine se polarizó, con un clima de crispación y enfrentamiento entre compañeros, nacían movimientos y plataformas de protesta, ejemplos de ello son el  Comité de la Primera Enmienda o la Alianza Cinematográfica.

Fueron años duros en el sector. Se llevaron a cabo largas audiencias a trabajadores de la industria con el fin de esclarecer la supuesta propaganda. A estas acudieron rostros conocidos como Walt Disney, quien mostró su preocupación ante la amenaza que los comunistas suponían en la industria, dando nombres de posibles sospechosos que habrían trabajado junto a él. Otros como Ronald Reagan, quien más tarde fuera Presidente de los Estados Unidos, ocupaba el cargo de presidente del Sindicato de Actores de Cine, no dudó en colaborar junto al FBI denunciando a algunos de sus compañeros.

A pesar de las críticas que se han vertido desde los bandos implicados, hemos de reconocer que sin ellos no hubiésemos conocido grandes títulos de la historia del cine como:

El enemigo Público (1931) William. A Wellman. Considerada junto con Hampa dorada, uno de los grandes filmes del género gánster del cine sonoro. Narra las peripecias de Matt Doyle (Edward Woods)  y Tom Powers  (James Cagney) en un Chicago de los años 20 teñido por la Ley Seca, en donde sus protagonistas justifican el crimen como medio para el ascenso social.

La llama sagrada (1942) George Cukor. Una de las primeras apariciones de la famosa pareja cinematográfica que formaron Katherine Hepburn y Spencer Tracy. El contenido político tras esta cinta será utilizado años después como prueba contra su guionista Donald Ogde Steward.

El sol sale mañana (1945) Roy Rowland. Edward G.Robinson, Margaret O´Brien y James Craig relatan la vida de una pequeña localidad de Wisconsin ejemplo del socialismo estadounidense.

Solo ante el peligro (1952) Fred Zinnemann. Uno de los más famosos western de la historia del cine representado por Gary Cooper y Grace Kelly en donde se retrata el liberalismo de la época. Escrita en pleno apogeo de las audiencias del congreso de Hollywood. Su guionista, Carl Foreman, fue obligado a abandonar el plató antes de terminar el rodaje.

 

 

Ana del Carmen Sánchez Cotano ( Ciudad Real, 1998). Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas, así como formación complementaria en Estudios Internacionales; todo ello en la Universidad Carlos III de Madrid. Aficionada del arte y la cultura. Interesada en el panorama político internacional y medioambiental. Participa en diferentes programas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

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