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LA ESPAÑA VACÍA: huida de un futuro sin perspectivas

La sociedad española (como la mayoría de las sociedades europeas) se encuentra viviendo una auténtica revolución en términos demográficos: con una creciente esperanza de vida y una tasa de natalidad a la baja, que han provocado una inversión de la pirámide de población y un aumento en la tasa de dependencia (número de personas fuera de la edad de trabajar por cada persona que sí está en edad), son numerosos los retos que se plantean a las generaciones futuras.

Sin embargo, el cambio demográfico no afecta de manera uniforme a todas las regiones, y es aquí donde cabe introducir una tercera dinámica de los procesos demográficos actuales: junto a la caída del crecimiento de la población y el envejecimiento, se ha producido un aumento de los flujos migratorios desde las zonas rurales a zonas urbanas o suburbanas (aquellas que rodean las grandes urbes), que mitigan los anteriores fenómenos en las últimas, mientras que en las primeras se agravan, quedándose cada vez más despobladas, envejecidas y dispersas. Actualmente, el 70% del territorio español se encuentra ocupado por sólo el 10% de la población, concentrándose el restante 90% en Madrid y el litoral mediterráneo. La situación está lejos de mejorar; es más, empeora cada año habiendo ya 4000 municipios de los 8124 que hay en España, en riesgo de extinción en 2016; facilitado todo ello por un rápido envejecimiento de estos municipios, que puede verse en la ratio de mayores de 65 años por cada menor de 15, superior a 2 que corresponde a casi el 60% de los municipios españoles.

 

El cambio demográfico supone un reto para el futuro, no sólo de las comunidades rurales, sino de toda la sociedad, ya que acarrea consigo una pérdida de cohesión social y territorial; importantes dificultades para mantener un desarrollo económico equilibrado y el bienestar del conjunto de la población. Por ello, la lucha contra la despoblación debe mirarse como una cuestión de igualdad y de justicia con un mundo (el rural) que realiza importantes aportaciones a la sociedad, en términos económicos, sociales o culturales.

Tendencias demográficas en el mundo rural

El 90% de la población española se halla concentrada sólo en el 30% del territorio. Es un buen dibujo de la España rural, caracterizada por una escasa densidad de población. Cierto es que no se debe todo ello a factores puramente demográficos, ya que los factores económicos como el bajo precio del suelo o el uso de la tierra no únicamente para residencia, sino para la actividad agrícola, algo tienen que ver; así como los factores físicos de algunas de ellas que dificultan la aglomeración. Sin embargo, la despoblación del mundo rural es una realidad bien conocida y palpable.

Al igual que el resto de los territorios europeos, las sociedades rurales sufren una fuerte caída de las tasas de natalidad y una cada vez mayor esperanza de vida, que producen un envejecimiento de la población. Sin embargo, estas tendencias, en las zonas rurales se ven agravadas por las migraciones; por una parte, los jóvenes que se van a las ciudades y las zonas urbanas (reforzando así la baja natalidad en estas zonas), y por otro, el retorno de las personas mayores que tras la jubilación vuelven a los pueblos (reforzando el envejecimiento del medio rural).

El éxodo rural

Los movimientos migratorios, son fundamentalmente, el ajuste de la estructura demográfica de un territorio a la estructura productiva del mismo. Y es por ello por lo que un factor central para entender el éxodo rural contemporáneo es la economía, que pese a los cambios que se están produciendo, aún se encuentra dominada en estas zonas por el sector primario. El atractivo de estos trabajos entre los jóvenes es, sin embargo, minoritario, siendo tan sólo un 20% de los jóvenes rurales los que trabajan en la agricultura; y poco ajustado a la formación que poseen la mayoría de ellos. La mayoría de las tierras, además, se hallan en manos de personas adultas o mayores, algo que frena la capacidad de los jóvenes de emprender e innovar en un sector en declive, que pierde cada vez más atractivo

Otro factor determinante de las migraciones son las limitaciones de servicios que sufren las zonas rurales, y que se retroalimentan en un sistema que la mayoría de las veces sólo garantiza servicios si hay suficiente demanda. Es cierto que algunos de estos servicios están garantizados por ley (como la salud o la educación obligatoria), pero resulta fácil observar la desventaja de las zonas rurales en cuanto a calidad, accesibilidad o cercanía de estos. Además, existen otra serie de servicios considerados de gran importancia para el desarrollo personal y colectivo, o incluso esenciales para la vida, y que no están en absoluto garantizados en estas zonas: culturales, de ocio, correo postal, telecomunicaciones, TIC, servicios administrativos, e incluso servicios comerciales que garantizan el acceso a bienes tan básicos como los alimentos. Por otra parte, los servicios educativos sólo están garantizados en sus niveles más bajos, con lo que los jóvenes que busquen una formación mayor se desplazarán finalmente a las ciudades a encontrarla.

En tercer lugar, debemos resaltar el concepto de arraigo, entendido como el conjunto de factores que propician el asentamiento en una zona determinada, en este caso, las rurales. Lo cierto es que la vinculación del campo al atraso y la visión de la vida en la ciudad como sinónimo de éxito, son síntomas del desarraigo del medio rural existente entre los jóvenes. Estas visiones son en gran parte consecuencia de la desestructuración social de estas zonas, pero también debemos poner el foco en la educación. En este sentido, encontramos algunas críticas al sistema educativo en zonas rurales, no tanto por déficits de recursos, sino por la inexistencia de un currículum académico más flexible y adaptado a estas realidades, que no tome lo urbano como universal o factor de éxito y progreso. Por el contrario, la homogenización de las escuelas rurales resulta en una pérdida de conocimiento de las potencialidades y beneficios del entorno, facilitando el desarraigo.

También genera desarraigo la propia estructura social del entorno social rural: una sociedad cerrada donde, a pesar de que en muchos casos se tiende a exagerar, se encuentran más invisibilizados los temas referentes a las minorías y los derechos de la mujer. Es por ello también, que son las mujeres las que más emigran al entorno urbano, al considerarlo como un factor de crecimiento personal y buscar un ideal de trabajo de mujer opuesto al agrario (en el que muchas veces tienen la categoría de ayuda familiar). Por otra parte, los jóvenes en general tampoco sacan provecho de unas comunidades en las que están en minoría, y donde, por tanto, resulta difícil establecer relaciones en plano de igualdad con las demás personas y grupos que forman parte de ellas.

Por último, cabe destacar que estos factores se ven agravados en zonas remotas, insulares o de montaña, donde las características físicas del terreno son un obstáculo para superar.

La aportación de “lo rural”

La situación del medio rural es de grave peligro de desaparición; pero ello no es únicamente problema de quienes habitan en él. El reto de la despoblación es, ante todo una cuestión de derechos, de igualdad de oportunidades y servicios sin discriminación por razón de territorio de residencia, y de cohesión social y territorial. Por ello, es un reto del conjunto social, que no puede prescindir de los aportes que le propicia esta realidad.

Hablar del medio rural es hablar de sector primario, es decir, aquel encargado de producir alimentos y una gran parte de las materias primas. La despoblación rural constituye un importante riesgo para el sector, que carece de un relevo generacional que lo mantenga en el futuro. Y es esta falta de relevo generacional la que impide la modernización y la innovación en un sector que la necesita de forma inminente para frenar su declive. Además, es importante remarcar la importancia del sector primario para garantizar la soberanía alimentaria de un país, entendida como el derecho de los pueblos a decidir sobre su sistema alimentario, basado en la nutrición, la accesibilidad, y la producción sostenible y en entornos cercanos.

Pero también debe hablarse de el papel del medio rural en el equilibrio ambiental, que ya se encuentra en riesgo de perderse debido al fenómeno de la despoblación. No es casualidad la aparición en esta época, de los llamados “superincendios” forestales. La fundación WWF ha llamado la atención sobre que es precisamente el abandono de las zonas rurales, lo que produce un rápido crecimiento de la biomasa forestal, que tras el verano se seca y provoca graves incendios; y son las comunidades rurales las que durante siglos han mantenido el equilibrio medioambiental en estas zonas.

También en ámbito social las comunidades rurales han contribuido enormemente a la preservación de importante y numeroso patrimonio cultural diseminado por el país, y que actualmente peligra debido al abandono de estas zonas donde se han mantenido durante siglos.

Por último, debe llamarse la atención sobre el hecho de que la despoblación de zonas rurales va acompañada de un crecimiento de las zonas urbanas y suburbanas, que puede llegar a afectar negativamente al bienestar de sus habitantes: un mayor precio de la vivienda, mayor congestión de la vía pública, mayor coste del transporte, mayor contaminación… Este tipo de deseconomías de aglomeración tienen el inconveniente de que lejos de actuar como freno al crecimiento demográfico, lo acentúa, ya que la aglomeración aumenta la cantidad de servicios públicos y comerciales existentes en las ciudades, atrayendo a su vez a más población. Es por ello también por lo que la gestión de los servicios públicos se complica al tener que atender a un mayor número de personas, con lo que en realidad la aglomeración únicamente es positiva para el sector empresarial, que se beneficia del aumento de la demanda en su ámbito de actuación y de los precios.

Una posibilidad de futuro para la España rural

Hasta ahora se ha hablado del mundo rural como una única realidad homogénea, caracterizada por su atraso y vinculación con la agricultura. Esta visión deja de lado las notables mutaciones que la realidad rural ha experimentado en las últimas décadas, y la evolución heterogénea de los distintos espacios rurales. Es por ello por lo que, a la hora de abordar las soluciones contra este fenómeno migratorio, es esencial no dar una respuesta homogénea, y dar espacio a participación de los propios entes locales interesados, ya que son ellos los que tienen que dar una salida concreta a la situación de su territorio aprovechando su propio potencial particular.

 

En la actualidad, las zonas rurales se han visto reducidas a la producción de alimentos, pero ya hemos visto que no es del todo así. Es por ello por lo que debe ponerse el foco en el fomento de nuevos yacimientos de actividad económica y de empleo, muchos de ellos relacionados con las demandas urbanas de turismo y ocio en este medio; pero también relacionados con la gestión de ecosistemas, prestación de servicios necesarios, gestión de los recursos locales, o incluso la producción y comercialización de productos autóctonos (agrícolas o no) que se demandan en zonas urbanas. Mediante estrategias de especialización en actividades de alto valor añadido, se puede atraer o fijar a las personas a las zonas rurales. En este sentido tiene también una gran importancia la reindustrialización, tarea pendiente en todo el país.

Pero a pesar de ello, la agricultura seguirá siendo una actividad importante en las zonas rurales, y es por ello por lo que una estrategia contra la despoblación deberá incluir una revisión de la política agraria, que actualmente se encuentra entre las competencias europeas. La Política Agraria Común (cuyo segundo pilar es precisamente el desarrollo rural) puede ser un factor determinante de resiliencia de las poblaciones rurales, pero no con el modelo actual. Las subvenciones se suelen dirigir al aumento de la producción, la competitividad y la inversión tecnológica, pero dejan fuera a los agricultores que no pueden entrar en esta dinámica. Es por ello por lo que una reforma de la PAC debe centrarse en las pequeñas y medianas explotaciones para favorecer el relevo generacional y una progresiva profesionalización del sector (que genere puestos de trabajo adecuados para la cualificación de los jóvenes); y deberá tener en cuenta otros factores más allá de la cantidad de producto, tales como la calidad de este o la sostenibilidad.

El desarrollo de actividades económicas y la innovación del medio rural requiere también inversión en infraestructura, y en este sentido destaca sobre todo la garantía de acceso a las nuevas tecnologías (sobre todo a la cobertura móvil y a internet) y al transporte que puede en algunos casos paliar la falta de algunos servicios o puede favorecer el trabajo a distancia. Sin embargo, también es necesario garantizar una serie de servicios educativos, sanitarios, sociales, comerciales o de cuidado, especialmente guarderías que fomenten la fijación de la población con hijos. El problema actual de la provisión de servicios es el círculo vicioso entre falta de población-falta de demanda-disminución de los servicios, y es por ello por lo que la solución deberá tener la marca de lo público, que deberá garantizar lo que lo privado no puede garantizar.

Por otro lado, el arraigo de la población debe fomentarse desde el ámbito educativo, recuperando la personalidad de una escuela rural que se eliminó a finales de los 50 (sirviendo al proyecto de urbanización de la tecnocracia del franquismo) y que fomentaba el conocimiento del medio rural y la vinculación de sus habitantes al mismo.

En conclusión, la situación del medio rural español se caracteriza por un goteo constante de población y un envejecimiento de esta. Los jóvenes rurales se ven sin perspectivas de futuro en sus zonas de origen, y buscan en las ciudades oportunidades laborales que se adecuen a sus conocimientos, así como la construcción de una identidad moderna que no ven capaces de construir en la realidad rural. Sin embargo, la concentración de la población genera una serie de problemas tanto en las zonas rurales (escasez de servicios, envejecimiento, abandono…), como en las urbanas (aglomeraciones, aumento de precios, contaminación…), como en el conjunto del país (desequilibrio ecológico, abandono del patrimonio cultural…). Las soluciones pasan por la coordinación de las diferentes administraciones, teniendo en cuenta la realidad local de cada municipio para fomentar nuevos nichos de empleo y crear una nueva ruralidad, a la par que modernizar el sector agrícola, y garantizar la suficiencia de servicios públicos y privados.

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