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IRLANDA DEL NORTE Y EL BREXIT: Un escollo para May

My point is very simple. Those urges to belong, divergent as they are, can live together more easily if we, Britain and the Irish Republic, can live closer together too”.

Estas palabras fueron entonadas por Tony Blair en el Parlamento de Irlanda en 1998, ante el Dáil Éireann, siendo el primer Primer Ministro británico que se dirigía a esa cámara, mostrando al mundo el acercamiento entre las dos naciones. Al desdibujar las fronteras entre ambos países, se desdibujaron a su vez las fronteras que dividían la sociedad norirlandesa, con el Brexit se corre el serio peligro de volver a construir ambas barreras.

 

Los Acuerdos de Viernes Santo eliminaron los controles militares que, pese a pertenecer ambos a la UE, persistían entre la República de Irlanda y el Reino Unido. Favorecido por la pertenencia al mercado común permitió unas relaciones sin restricciones entre Irlanda del Norte y el resto de la isla rebajando la tensión existente, facilitando el fin de la violencia y la llegada de la paz tras décadas de conflicto enquistado.


El desarrollo económico  que estaba experimentando Irlanda fue una de las razones que para Tony Blair permitiera la distensión entre ambas naciones. El Tigre Celta tuvo una tasa de crecimiento del 8,5% del PIB en 1998 y alcanzaría un 10,6% en el siguiente año. En contraposición con la miseria económica persistente que había sufrido el país durante las centurias anteriores y que había generado relaciones muy tensas con el Reino Unido por el claro abandono de este, Irlanda ahora se presentaba como una nación moderna y uno de los países más ricos de la Unión Europea.


Tony Blair defensor de un segundo referéndum para el Brexit, consideraba que el nacionalismo exacerbado había dejado paso a un futuro donde tenían sus manos atadas ante la necesidad de cooperación internacional para el desarrollo de la agricultura, la justicia, la seguridad internacional…, así como el influjo de la internacionalización de las comunidades políticas con experiencias transnacionales como la UE.

 

La ola global de nacionalismos que ha sacudido Europa y Norteamérica,  en cuyo marco podemos situar el Brexit, supone una clara amenaza al proceso de globalización y liberalización de las economías. Un proceso que en la década de los noventa y a principios del siglo XXI parecía imparable, es ahora plantado cara no por una propuesta alternativa que puede solventar sus carencias, sino por la añoranza de un pasado que ya no existe, pero cuya vuelta puede despertar fantasmas ya enterrados.

 

Parece impensable la vuelta a los años de la violencia que azotaba Irlanda del Norte, pero si puede volver las reticencias entre ambas comunidades. Esto es algo sumamente importante en un sistema que se basa en el “sharing power” donde ambas comunidades tienen que estar representadas en el Gobierno. Una muestra del conflicto existente es la ausencia de un gobierno en Irlanda del Norte desde enero del año 2017 por la imposibilidad de ponerse de acuerdo del Sinn Féin (SF, nacionalista) y el Democratic Unionist Party (DUP, unionista).


El DUP es el partido conservador que sostiene a Theresa May en la Cámara de los Comunes, pero que se opone claramente al acuerdo alcanzado por esta con la UE.  Pese a haber ganado la permanencia en la UE en Irlanda del Norte en el referéndum del Brexit, el DUP se niega a aceptar la propuesta hasta que no se desaparezca el “backstop”, el acuerdo entre Reino Unido y las instituciones europeas para impedir que en caso de que no se alcance un acuerdo de libre comercio no se generará una frontera fuerte entre ambas partes de la isla de Irlanda. Esto generaría que las normas europeas se siguieran aplicando en Irlanda del Norte mientras que en el resto del Reino Unido no. Esta opción es rechazada taxativamente por el DUP en pos de defender la unidad británica.


Por otro lado el Sinn Féin propone la reunificación de la Isla como modo para asegurar la permanencia en las instituciones europeas. Eliminar el “backstop”  del acuerdo como desea el DUP llevaría a hacer desaparecer la única salvaguarda que en caso de falta de acuerdo (algo altamente probable visto como la política británica) evitaría dividir las comunidades de nuevo. Esto supone un riesgo más grave para la unidad británica que la posible aplicación de las normas europeas, sobretodo en  una comunidad política que apoyó la permanencia en la UE y donde aumenta el apoyo a las tesis de la reunificación como posible salida. Por ahora este conflicto ha impedido que May presente el acuerdo a la Cámara de los Comunes causando que los laboristas le vayan a presentar una moción de censura. Habiendo sobrevivido al intento de defenestración de sus compañeros, puede que la cabeza política de May acabe hundiéndose en las aguas del Mar de Irlanda si no consigue el apoyo de los unionistas.

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