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EL TORERO MATA EL TORO

Si algo podemos destacar de la última edición de Operación Triunfo son las polémicas que cada semana incendian las redes sociales. Pero la última de ellas ha dejado atónita a la audiencia del  programa, a sus concursantes y a la propia Televisión Española.

Estrella Morente fue la artista invitada de la última gala. Su único cometido era interpretar el tema Volver a dúo con Nia, una de las concursantes más aclamadas de la edición. Pero nada más comenzaron a sonar los primeros acordes de la guitarra, la cantaora entonó unos versos taurinos del poeta José Bergamín, al parecer, como respuesta a los comentarios antitaurinos de otra de las concursantes de la academia. Las reacciones no se hicieron esperar. Hubo quien acusó a TVE de fomentar el “maltrato animal”. Tanto la cadena como la productora salieron al frente y defendieron que no sabían de las intenciones de la cantaora. Lo que fue un asombro para la audiencia y los fans lo fue también para la cadena pública.
Me gusta participar en los mentideros modernos, pero esa vez sentí que la dirección del debate era errónea.

Sorprendentemente mucha gente encontró mayor indignación en el contenido de aquellos versos que en la poca profesionalidad de la cantaora. Lo preocupante de aquel momento fue la arrogancia con la que Estrella Morente improvisó sobre el escenario, dejando en evidencia el momento estelar de su compañera. Más que un acto reivindicativo, diría que sus acciones son más bien una pataleta infantil contra las palabras de una chica de poco más de veinte años.  Aún así, es cierto que aquella improvisación recuperó una cuestión que parece obviarse en torno al debate de si la  tauromaquia es o no es cultura y que relativiza el absolutismo que suele dominar esta discusión. Cuando una persona cree que entonar unos versos taurinos es una forma de avivar el “maltrato animal” me hace preguntarme si dicha persona sabe el significado de lo que es cultura. El problema es que, al margen de la moralidad de cada uno, haya personas que equiparen la tauromaquia con los discursos de odio como si el hecho de mencionarla dentro de un marco artístico fuese delito. En verdad, tanto la crítica como el apoyo público de la tauromaquia se amparan en la libertad de expresión, y ambas son legítimas dentro de los marcos constitucionales.

Ahora bien, si tenemos que responder a la pregunta de si la tauromaquia es o no es arte la respuesta es no. Querer  asemejar la capea a una danza, o afirmar que se trata del enfrentamiento entre hombre y bestia, es idealizar una acción que consiste en matar. No hay belleza en matar un animal al son del aplauso popular de un público eufórico. ¿Esto niega las implicaciones artísticas que guarda la tauromaquia? En absoluto. De hecho, negar dicha evidencia supondría hacer alarde de una grave ignorancia artística.

Hay que reconocer que los festejos taurinos han sido objeto de inspiración para multitud de artistas, al igual que la guerra, la pobreza o la muerte. No por ello consideramos dichas situaciones sociales una expresión artística. La tauromaquia forma parte de la tradición y por tanto debe ser objeto de debate, cuestión y reprobación. El arte sin embargo no se critica, sino que se interpreta. Ambos elementos, aunque relacionados, no son lo mismo y no deben confundirse El toreo no es un arte; es una fuente de inspiración. La obra de Goya no es la tauromaquia, sino la pintura sobre la tauromaquia. El toro y el torero no son más que meros personajes que Lorca utiliza para expresar su arte, del mismo modo que lo son la luna, los caballos o los gitanos.  Incluso en el folclore popular hay música que nace y bebe directamente de la tauromaquia como es el pasodoble.

Artistas como Picasso, Isabel Pantoja o Lola Flores han usado elementos taurinos para dotar de metáfora su arte, pero no han ocupado el centro de este. El mundo del toreo no es más que uno de los muchos objetos que el artista puede usar para dar expresividad a su obra.

Sucede hasta fuera de nuestras fronteras, siendo la ópera Carmen de Bizet precursora de este modo de apropiación. Incluso en la actualidad persiste esta dinámica. Nadie es ajeno al éxito de Rosalía, pero lo que algunos parecen omitir es la relación que su iconografía guarda con la tauromaquia. Su carta de presentación se alimentó del toreo, y es que la cantidad de referencias y simbología taurina que guarda el videoclip de su canción Malamente es prueba de que esta fuente de inspiración todavía no se ha agotado.

En conclusión, la tauromaquia no es arte per se, pero esto no le impide ser elemento inspirador para la obra de un artista. Espero, con esto, cerrar este capítulo de un debate que parece no encontrar luz, y que sigue atascado en un amasijo de prejuicios y caprichos que impiden su consumación. Al final, como en todo debate, debe haber un ganador. Y la balanza, por ahora, parece inclinarse hacia… ¿quién?

FRANCE.  Town of Nîmes. 1957. Spanish painter Pablo PICASSO watching a bullfight. (Rene Burri)

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