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EL MUNDO ANTE YEMEN

En 2019 se cumplen cuatro años del comienzo -oficial- de la guerra en Yemen, una guerra que ha sido catalogada como la mayor catástrofe humanitaria; pero de la que apenas se habla en Occidente. El país formado por la unión entre la República Democrática Popular del Yemen y la República Árabe de Yemen en 1992 se ve hoy envuelto en una guerra civil que se ha llevado miles de vidas por delante y donde se siguen cometiendo grandes vulneraciones de Derechos Humanos.

Lo cierto es que es difícil fijar el verdadera comienzo del conflicto. Considerado uno de los países más pobres del mundo árabe, siempre ha tenido que hacer frente a las enormes tensiones religiosas y políticas. A eso debemos sumarle la presencia de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), que sigue controlando parte del sur del país, y de Daesh.

Sin embargo, desde hace unos años se vive un verdadero conflicto armado y -como en la mayoría de los conflictos de este tipo- la religión tiene un peso importante. Nos encontramos con dos bandos enfrentados: por un lado están los hutíes, seguidores del zaydismo; una escisión de la parte chií del Islam y por el otro el actual Gobierno yemení, que se caracteriza por seguir la rama suní. Si bien las diferencias entre los chiitas y los sunitas en Yemen siempre han existido, estas aumentaron a principios del siglo XXI. Los hutíes, enfadados con la situación política del país, empezaron a protestar en las calles de la capital desafiando el régimen del entonces Presidente Saleh. Tras muchos enfrentamientos, en 2011 se unieron a las protestas conocidas como primaveras árabes y la tensión aumentó debido a la represión del Gobierno. Fue después de varias protestas que Saleh se vio obligado a dimitir, ocupando su puesto Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, quien hasta entonces había sido el vicepresidente del Gobierno.

La irrupción de terceros países

Cuando los rebeldes se hicieron con la capital, Hadi se vio obligado a huir a Arabia Saudí; pero siguió considerándose el presidente legítimo del país. Pidió entonces la intervención de terceros países con el objetivo de de detener los avances de los hutíes; lo que llevó a que, el 25 de marzo de 2015, una coalición liderada por Arabia Saudí bombardeara el país, dando comienzo a un verdadero conflicto armado. Dicha intervención es conocida como la “Operación tormenta decisiva” y la coalición está integrada por Marruecos, Jordania, Turquía, Pakistán, Egipto, Kuwait, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Sudán; pero cuenta, asimismo, con el apoyo logístico y de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido e Israel, entre otros.

La intervención de estos países no solo conlleva bombardeos, sino que también se basa en operaciones terrestres y bloqueos aéreos y navales a Yemen. Debido al bloqueo se han llegado a interrumpir las importaciones de alimentos, combustible y suministros médicos. Aunque es difícil conseguir conocer los datos exactos, se calcula que desde 2016 han muerto más de 60.000 personas, entre las cuales existe un número elevado de civiles. Asimismo, según la ONU, más de 2 millones de personas han tenido que dejar su hogar y alrededor del 75% de la población se encuentra en necesidad de ayuda humanitaria.

Parece que el interés principal de Arabia Saudí en este conflicto y, por ende, el motivo que lo lleva a apoyar al Gobierno se podría deber a su objetivo de recuperar el control en la frontera sur con Yemen para evitar que los rebeldes bloqueen la ruta de petróleo. No podemos obviar que Yemen es un punto clave en la ruta del petróleo desde Medio Oriente hasta Europa. Se corre, además, el riesgo de que el estrecho de Mandeb, que separa Yemen del Cuerno de África y cuyo bloqueo supondría una gran subida de los precios del petróleo, se convierta en un punto clave de la lucha armada. Otro de los puntos estratégicos es la ciudad portuaria Hodeida, que supone una salida al exterior, así como la entrada de alimentos y medicinas.

Entre los países que más armas exportan a la monarquía saudita se encuentran, en este mismo orden, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Suiza y Alemania. España, en concreto, casi duplicó la venta de armas a Arabia Saudí en 2015, año en el que estalló la guerra. Entre 2013 y 2017, el 61% de armas vendidas a Arabia Saudí procedía de EEUU; el 23% de Reino Unido; el 3,6% de Francia y el 2,4% de España. De esta forma, los países europeos mencionados violan el acuerdo común adoptado por la UE respecto a la venta de armas (2008/944/PESC), que establece la denegación de exportar armas en caso de que en el país beneficiario vaya a actuar en contra del Derecho Internacional humanitario y cuya venta pueda prolongar conflictos armados.

Además, Human Rights Watch ha acusado a la potencia norteamericana de ser una fuerza activa en el conflicto y de facilitar bombas de racimo a Arabia Saudí, las cuales se encuentran prohibidas en por el Derecho Internacional y suelen ser fabricadas, precisamente, en EEUU y Brasil. Los rebeldes, por su parte, siempre han mostrado un enorme rechazo hacía la potencia norteamericana, siendo su lema “Dios es genial, muerte a América, muerte a Israel, maldición en los judíos, victoria del Islam”.

Por otro lado, Holanda, respaldada por Canadá, Bélgica, Irlanda y Luxemburgo, ha pedido a la Organización de las Naciones Unidas que se cree una investigación internacional respecto al conflicto yemení.

Irán, ¿el apoyo de los rebeldes?

Para algunos, este conflicto no deja de ser un ejemplo más de la eterna enemistad entre Arabia Saudí e Irán. Si el primero ha mostrado su apoyo al Gobierno yemení, posicionándose claramente en contra de los hutíes; el segundo es acusado de financiar a los rebeldes.

Irán se convirtió en el centro de los chiitas tras la revolución de 1979, por lo que su posicionamiento a favor de los rebeldes hutíes parece evidente. No obstante, debemos tener en cuenta que el zaydismo se aleja en bastantes aspectos del chiismo iraní, por lo que su ayuda se podría deber más bien a motivos geopolíticos. De todas formas, los hutíes siempre han negado que reciban algún tipo de ayuda exterior, haciendo hincapié en que no reciben ninguna ayuda militar por parte de Irán.

Pero los hutíes no están solos. El expresidente Saleh se alió con los que habían sido sus enemigos con el objetivo de arrebatarle el poder a Hadi y hacerse con el control del país. Gracias a esta alianza los hutíes pudieron hacerse con Saná, provocando el exilio de Hadi. Más tarde Saleh intentaría romper esta alianza y acercarse a Arabia Saudí, pero esta jugada le costó la vida.

Pese a ello, los rebeldes cuentan con el apoyo de las fuerzas que siempre se han mantenido fieles al ya difunto expresidente y de aquella parte de la población que desea mostrar su enfado y descontento con la situación política yemení y los años de corrupción que no han combatido la pobreza ni las enormes desigualdades sociales.

El acuerdo de Estocolmo: un hilo de esperanza

Tras varios intentos fracasados de poner fin a este conflicto en Ginebra, a finales de 2018 ambas partes parecieron llegar por fin a un acuerdo Suecia. Entre los principales puntos del acuerdo se encuentran la reubicación de las tropas y el intercambio de prisioneros. Tanto los hutíes como las fuerzas del Gobierno deberán acercarse a Hodeida con el objetivo de facilitar la ayuda humanitaria.

Si bien es cierto que las partes siguen en constante tensión y eso lleva a que el cumplimiento del acuerdo se tambalee, la ONU ha afirmado que está en vías de cumplirse.

Habrá que ver si en 2019 se pone fin a la mayor crisis humanitaria de nuestros tiempo.

 

al-Mekhlafi, M. (2017). Yemen: events of 2017. Obtenido de Human Rights Watch.

Ayestaran, M. (2017). Saleh y el poder: un recorrido por la historia reciente de Yemen a través del asesinado expresidente. Obtenido de Revista 5W.

Bromley, M., & Maletta, G. (2018). The Conflict in Yemen and EU’s arms export controls: Hightlighting the flaws in the current regime. Obtenido de SIPRI.

Carrión, F. (12 de diciembre de 2018). Yemen, dos años de violencia que ha dejado más de 60.000 muertos. El Mundo.

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