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EL HIYAB Y LA COLISIÓN DE DERECHOS FUNDAMENTALES

En los países europeos, hemos adquirido un sistema basado en nombrar ciertos principios o derechos que son absolutos e inquebrantables, los llamados Derechos Fundamentales, que vienen recogidos en todas las constituciones y en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Sin embargo, no viene claro qué es lo que ocurre cuando alguno de estos derechos choca con otro. Así, se impondrán una serie de límites bastante difusos y que, irán cambiando a lo largo del tiempo, permitiendo la libre interpretación de los Tribunales Superiores. Como ilustración, en España, el Tribunal Constitucional será quien resuelva estos conflictos en caso de vulneraciones de derechos recogidos en la Constitución. Aun así, esto provoca que la sociedad no sepa dónde acaba un derecho y dónde empieza el otro, en caso de conflicto.  Eso es, por ejemplo, la colisión entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad. En este caso, parece que la doctrina es que el derecho a la información está por encima siempre que sea en un interés público constitucionalmente relevante, sin ser una afirmación concisa. Parece claro que, en los casos en los que un personaje público se encuentra, por ejemplo, en la calle paseando de la mano con otra persona, el derecho a la intimidad está por debajo del Derecho a la información de las revistas del corazón.

Así pues, hay numerosos casos a los que se enfrenta el Derecho donde existen colisiones de este tipo. Aunque en España, aún nos encontremos debatiendo entre la libertad de expresión y el ultraje a un símbolo de la Nación, aun con el aval del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que ya consideró por encima la libertad de expresión en el caso de la quema de fotos de los monarcas.

Con la llegada de la llamada Ley Celáa, estamos presenciando un debate público entre, lo que podría considerarse libertad religiosa y el derecho a la educación. Aunque, para acabar con este debate solo hace falta leerse la Ley y, así, ver que no atenta contra ninguna religión o contra ningún precepto de la Constitución sino que versa de conformidad con la Constitución Española, sobre la aconfesionalidad del Estado, y con la libertad de los padres y madres para que sus hijos e hijas reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones. No se prohíbe en esta ley la existencia de colegios religiosos, sino el pago del Estado de estos centros, es decir, al igual que si una madre o un padre desea que su hijo o hija se eduque en un colegio francés, lo llevará a un centro privado de pago dónde le eduquen en esta lengua, lo mismo pasa con la asistencia a un colegio religioso. Siendo la asignatura de Religión Católica voluntaria en todos los centros educativos, aunque no cuente su nota para el expediente.

Si bien es cierto que, este reforzamiento de la aconfesionalidad del Estado debería de tener unos límites para que no tenga una deriva hacia la laicidad negativa francesa, donde se discrimina a las minorías religiosas, sí parece un buen punto de partida hacia una aconfesionalidad real de las Instituciones.

La aconfesionalidad del Estado español significa que no se reconoce como oficial ninguna religión aunque pueda mantener acuerdos con Instituciones religiosas: Como es el Concordato con la Santa Sede que permite a la Iglesia Católica elegir al profesorado de la asignatura de Religión Católica en los centros educativos públicos.

Por otro lado, un Estado laico, es aquel Estado que no reconoce ninguna religión y lucha para preservar el no posicionamiento religioso de las Instituciones públicas, nacido con la Revolución Francesa, para llevar a cabo la separación Iglesia-Estado y, así, poner fin a las discriminaciones que se hacían a las personas que no concordaban con los ideales religiosos del poder o a la Ley divina que no venía del consenso del pueblo. Esta idea de Laicismo ha ido evolucionando en Francia, país donde surgió, hacia un rechazo de las religiones minoritarias por no concordar con ciertos patrones sociales de occidente.

España, está muy lejos de ser un Estado Laico a lo francés, quiero pensar que a su modo hay más respeto hacia las minorías religiosas, pero, por otro lado, sí hay una invisibilización al resto de religiones, no solo por la mención específica a la religión Católica en la Constitución, en el mismo precepto en el que se declara la aconfesionalidad del Estado, sino también por ejemplo, en  la retrasmisión cada domingo en el canal de televisión público de Misas Católicas, o la coincidencia de los días festivos con fiestas Católicas, y un largo etcétera que demuestra que España no solo está lejos de la laicidad, sino también de la aconfesionalidad.

En la República Francesa, se están enfrentando en los últimos años, al choque entre la libertad de expresión y la libertad religiosa y de culto. Desde 2004, con la llegada de la ley que prohíbe el uso de signos religiosos llamativos en los centros escolares. En la práctica se traduce en la prohibición del uso del hiyab, incrementándose los lugares donde no se permite a las mujeres musulmanas llevarlo, llegando a proponer la ultraderechista Marine LePen, su prohibición en espacios públicos, para así, según ella, asegurar la laicidad del país. Lo que sí está prohibido en espacios públicos es el uso del Burka, con la excusa de la seguridad ciudadana por no ver la cara de quien está debajo. Me pregunto si pasará lo mismo con el uso de mascarillas para protegernos del Covid-19 o con las personas que llevan bufanda y gorro para protegerse del frío.

Aunque Francia no es el único país con prohibiciones hacia el uso del hiyab para los funcionarios públicos, atendiendo centros escolares o incluso en público, ya que en Quebec tampoco se permite a las trabajadoras públicas que lo lleven, también con la excusa de mantener la laicidad -Ley 21-. Además, dentro de Europa, más países se han sumado a la xenofobia institucional y el paternalismo por parte del Estado, así prohibiendo el uso del hiyab en ciertos lugares o situaciones como: Dinamarca, Bélgica, Países Bajos, Bulgaria o Austria. En Suiza, en cambio, sí permiten el uso del hiyab en cualquier situación, lo que está prohibido es construir minaretes en las mezquitas. Ningún país europeo se plantea la prohibición del hábito de las monjas o la kipá en los judíos.

Tampoco ha parado de incrementar la xenofobia en Francia, causada principalmente por la falta de educación y la no diferenciación que se hace entre Islam y Terrorismo. Esta claro que todos los países europeos se han visto afectados por una ola de xenofobia provocada por los recientes atentados terroristas del Dáesh, aunque su comienzo y donde empezó esta vertiente islamófoba fue con los atentados del 11-S. Esto ha llevado a que las personas no diferencien entre terroristas y musulmanes y, por lo tanto, no haya solo una discriminación legal, sino también social.

Francia ha sido claramente el país con más atentados terroristas del Dáesh, y además ha vivido casos muy medíatico por yihadismo como el de la revista Charlie Hebdo y el profesor asesinado hace pocos meses por hacer burla del Islam. Nadie duda de la necesidad de condenar estos incidentes a las personas que los causan, pero es completamente desproporcionado que pague toda población musulmana de unos delitos que no han cometido. Los esfuerzos en buscar maneras legales de perjudicar a esa población podrían ponerse en investigar el modo de financiación de este grupo terrorista, de dónde reciben las armas, etc..

Otra excusa que ponen estos países occidentales para prohibir el uso del hiyab es que los hombres obligan a las mujeres a llevarlo y que el Estado las libera. Fuera del paternalismo que ofrece: esto pudiendo ser completamente extrapolable a los hombres que obligan a sus mujeres a no llevar falda, no maquillarse o no vestir con escote. No es un problema de la religión, sino del machismo. Por lo que, el Estado, debería educar a los hombres, sin importar su religión, a que no tienen poder decisional sobre la vestimenta de sus mujeres, no obligar a las mujeres a vestir como el Estado diga.

Además del uso del hiyab, en Francia, también se debate sobre la libertad de expresión absoluta, sobre todo cuando incluya humor contra minorías religiosas; debate completamente extrapolable a España, donde los mismos que luchan a favor de esa libertad de expresión absoluta, aunque ofenda a minorías discriminadas -autobús de Hazte Oír-, son los mismos que no aceptan la educación en valores LGBTI+ o el humor y las canciones contra la Religión Católica.

 

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