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El colectivo LGBT: la nueva herramienta política y económica

Tras el auge de la extrema derecha en Europa ha vuelto al debate político y social cuestiones y realidades hasta ahora aceptadas en términos generales, como la ley de violencia de género, las políticas de inmigración y las leyes de igualdad LGBT. Este nuevo cuestionamiento y  lucha contra los avances sociales y legales en el reconocimiento de los derechos de distintos colectivos viene motivado por los partidos de derechas y muy especialmente por una nueva ultraderecha presente, hoy ya, en la casi totalidad de los países europeos. Si nos centramos en nuestro país, hemos de partir de la realidad más cercana, y es que, tras la viralización de la foto de la manifestación por la unidad de España, convocada por la derecha española junto a agrupaciones que presumen de machistas, tránsfobas, homófobas y racistas aparecían algunas banderas lgbt y trans junto con líderes como Albert Rivera, una mezcla, una unión que sorprende y entristece a unos mientras que para otros es el reflejo de la inclusión en igualdad de esos colectivos en la propia sociedad y en las distintas demandas políticas.
Los partidos políticos han comenzado a ver al colectivo como un posible “cliente”. Las personas LGBT+ se han convertido en una oportunidad para el partido político de expansión, modernización y aceptación de cara a una sociedad más abierta con ellos.
La expansión del colectivo LGBT+ junto al amago de aceptación de dicha comunidad dentro la sociedad ha causado que más personas se hayan unido abiertamente como  miembros del colectivo LGBT+, rompiendo las barreras preestablecidas para no esconderse a ser y presumir de quienes son. Los partidos políticos han comenzado a ver al colectivo como un posible “cliente”. Las personas LGBT+ se han convertido en una oportunidad para el partido político de expansión, modernización y aceptación de cara a una sociedad más abierta. Si el partido consigue dar la imagen de ser quien lucha para el beneficio de la comunidad y así ganar el voto de sus defensores y no perder el de aquellos que cada vez están más concienciados. El espectro de visibilidad de la comunidad se ha ido ampliando desde las últimas décadas, lo cual hace irresistible el querer abanderarse de la lucha para ver quién es el que mejor dice (que no el que mejor hace) por defender la causa. Empieza entonces una lucha para conseguir autonombrarse como el defensor del colectivo, una lucha que en realidad nada tiene que ver con el colectivo, sino más bien refleja clientelismo y marketing que como único objetivo tiene ganar votos. ¿Si es verdad que hay un 7% de la población LGBT (Dalia Research, 2016), por qué podemos contar con los dedos de una mano los dirigentes de partidos políticos y miembros de los Parlamentos que visibilizan y que son abiertamente LGBT? Desde comienzos del año 2000, grupos a favor de la aceptación e integración del colectivo de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales han ido haciéndose un sitio dentro del entorno político y social español. Desde entonces la repercusión mediática ha crecido en gran medida hasta el punto de acabar tuteado por los partidos políticos. Sin embargo, la utilización de su lucha ha sido utilizada por muchos partidos – PSOE o Ciudadanos – para la obtención de votos. Es tan triste esta comercialización de la lucha que nos lleva a reflexionar sobre el objetivo real de los partidos. Hay quienes dirán que da igual si los partidos políticos lo hacen por puro marketing mientras cambien la legislación que favorece o toda persona cishetero, Pero soy de los que piensa que nunca se hará bien si el fin no es el de verdaderamente defender a las personas vulnerables, donde las cosas no funcionan cuando lo único que quieres es el beneficio individual. Una ley eficaz que verdaderamente defienda y proteja a la minoría nunca va a salir por alguien que no crea vilmente en ello, por lo que sí, me alegro de la evolución y la apertura al colectivo LGBT en la sociedad y en la legislación, pero no considero que el camino del postureo sea el correcto (y menos en la agenda política); como ya dijo Mili Hernández, “el Orgullo ha sido secuestrado ahora por intereses políticos y económicos».  
La forma en la que los partidos políticos dicen ser defensores de los derechos LGBT no es mediante el activismo en el Parlamento para crear leyes, sino escribiendo tweets políticamente correctos, argumentar la lucha por otras causas para defender al colectivo (como la gestación subrogada) o hacerse fotos con la bandera LGBT o transexual, en situaciones que están muy lejos de ser lgbt-friendly
Como ya hemos dicho, la forma en la que los partidos políticos dicen ser defensores de los derechos LGBT no es mediante el activismo en el Parlamento para crear leyes, sino escribiendo tweets políticamente correctos, argumentar la lucha por otras causas para defender al colectivo (como la gestación subrrogada) o hacerse fotos con la bandera LGBT o transexual, en situaciones que están muy lejos de ser lgbtfriendly. Se trata de convertir una causa social en  de la lucha LGBT. Si todos los partidos fueran apoyos para el colectivo, como dicen ser, ¿Por qué cuando se crean leyes de igualdad LGBT, como la ley de Igualdad LGBT aprobada hace poco más de un año, o bien se abstienen (como el caso de la  proposición de ley mencionada) o votan en contra? Siguiendo con la foto de las banderas, y el marketing que esto supone, es llamativo que se hagan fotos con esta bandera los mismos que hacía unos meses decían que la verdadera bandera que defiende los valores de todos es la bandera del estado español. Lo que es más singular de todo, es que al decir que todos los partidos defienden los derechos LGBT, también estamos diciendo que los partidos de extrema derecha dicen ser sus defensores, esto sorprende por el hecho de que, históricamente, los miembros del colectivo LGBT siempre han sido perseguidos, y discriminados por la sociedad, pero esta persecución siempre ha sido mucho más feroz por los regímenes de ultraderecha. Algunos ejemplos de esta represión durante el régimen nazi las encontramos en La historia olvidada del Nazismo: los homosexuales, en donde se relata el trato dado a los homosexuales por el Reich, atacando sus negocios, mandándoles a campos de concentración, identificados con un triángulo rosa, y tratándoles como enfermos contagiosos y enemigos de la Nación. El Código Penal del Reich de 1935 define la homosexualidad como una “ofensa sexual” y a los homosexuales se les calificó de enemigos de la sociedad y criminales por “contaminar” a otros individuos con su homosexualidad (Moreno, 2004). Siempre se ha pensado que estos partidos son los que van en contra de una manera mayor contra este colectivo, por eso, me parece atractivo centrarme en el análisis de la conexión entre dos variables, por un lado las personas LGBT, y por otro, los partidos políticos, y en concreto los de extrema derecha y derechas. Con estas dos variables podemos diferenciar tres tipos de situaciones, por un lado,  tenemos a las personas LGBT que lideran las filas de partidos políticos, siguiendo con los votantes miembros del colectivo y terminando con lo que provoca estas dos, que es el abanderamiento de estos partidos en defensores del colectivo. En la primera versión de extrema derecha y el colectivo LGBT, tenemos a los miembros LGBT que lideran las filas, esto puede darse por la misma evolución de la extrema derecha, en contraposición con una extrema derecha liderada por un hombre blanco cishetero, ahora nos podemos encontrar a mujeres cislesbianas, como es el caso de Alice Weidel, perteneciente al partido Alternativa para Alemania, partido de tintes xenófobos, racistas, islamófobos, con un marcado valor conservador en lo familiar y lo moral. Pero, que, sin embargo, acoge en la cúpula del mismo a una persona que en un primer momento, no reuniría las características tradicionales, a las que la ultraderecha nos tiene acostumbrado como líderes de sus partidos. También, en Países Bajos, pudimos encontrar al partido Lista Pim Fortuyn, liderado por Pim Fortuyn, un personaje abiertamente homosexual que rechazaba fervientemente la inmigración (especialmente de países islámicos) y el multiculturalismo. También en Francia, Florian Phlippot, vicepresidente del Frente Nacional, es abiertamente homosexual, en Estados Unidos, Milo Yiannopoulos, lo encontramos como representante de la ideología Alt-right (derecha alternativa), ideología que afirma que los conservadores se han conformado con un progresisme que no les representa por lo que crean una nueva ideología que sí consideran la verdadera derecha, o como dice Abascal, la derecha no cobarde. Yiannopoulos hizo campaña por Donald Trump, y fue uno de los líderes del mensaje viral “Gays for Trump”.  
Cada miembro del colectivo es completamente distinto, ya que son personas distintas y hay quienes se han conformado y pueden preferir otros aspectos que les ofrece la extrema derecha, o la derecha, ya sean aspectos económicos, el nacionalismo, cierre de fronteras…
En segundo lugar, los votantes LGBT a partidos de extrema derecha. Me parece apropiado citar a  Simone de Beauvoir en este momento, “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”, y, aunque es completamente legítimo que haya votantes LGBT en partidos de extrema derecha o de derechas, es interesante de analizar. Podemos destacar que una vez que se ven los derechos de tu colectivo atribuidos y no tienes más por lo que luchar, es normal que se empiece a centrar tu ideología política en otros aspectos, también el bienestar económico puede invadir la lucha social, es decir, el Liberalismo y el Capitalismo de los partidos de conservadores, pueden hacer que una persona LGBT les vote para defender su dinero antes que seguir luchando por los derechos que cree que ya tiene reconocidos. Creo que es importante mencionar aquí que el estilo de vida de cada miembro del colectivo es completamente distinto, ya que son personas distintas y hay quienes se han conformado y pueden preferir otros aspectos que les ofrece la extrema derecha, o la derecha, ya sean aspectos económicos, el nacionalismo, cierre de fronteras,… En el libro “Pourquoi les gays sont passés à droite” (Por qué los gais se han pasado a la derecha), del periodista Didier Lestrade, se critica el estilo de vida gay contemporáneo por “superficial, consumista y estático, características que asocia a los movimientos políticos conservadores” (Alpañes, 2017). A partir de estos cambios en el panorama social, el votante homosexual ya no ve al partido ultraderechista como un enemigo sino como un aliado que también le va a proteger de los inmigrantes que cree que le perjudica a nivel económico y a nivel de aceptación. Otro motivo podría ser, el de que los jóvenes, al haber crecido ya con un matrimonio igualitario y cierta aceptación, además del postureo de todos los partidos afirmar su compromiso con el colectivo, no han visto ser LGBT como traba para pertenecer a cualquier partido, por lo que han elegido su ideología por otros aspectos. Es seductora la idea de que las Nuevas Generaciones del Partido Popular se ha convertido en el nuevo Grindr, si quieres ligar con una persona de tu mismo género igual es más fácil meterte en NNGG que en cualquier otro lado, ya que como presumen sus componentes, está lleno de personas LGBT. Por otro lado, y aunque no sirva de análisis, en las redes sociales es mucho más fácil encontrar a hombres blancos gais que digan ser conservadores. Esto me hace pensar en los disturbio de Stonewall, dónde las personas Queer salían para gritar que no solo existía el varón homosexual blanco y burgués, e igual no estamos en una situación tan distópico de lo ocurrido hace 50 años. Y por último, es posible analizar la evolución de los partidos de derechas, sobre todo con el concepto de Homonacionalismo, entendido como un nacionalismo homosexual, esto es fruto de la unión del nacionalismo homogeneizador e imperialista con un homonormativismo que le sirve para utilizar la lucha por los derechos LGBT con el fin de justificar el rechazo al extranjero bajo los prejuicios del inmigrante intolerante ante las minorías sexuales (Puar, 2007). Así, encontramos en Israel una ferviente propaganda pro-colectivo homosexual, que le hace ser visto como el único país de todo Oriente Próximo donde este colectivo tiene cabida de cara a mejorar la negativa percepción que en el mundo se tenía de él por la causa Palestina, ahora pues, muestra a Palestina y los países de su alrededor como enemigo y a sí mismo como amigo del colectivo (Bartolomé, 2016), y lo que es curioso es que la perspectiva exterior de Israel es de país tolerante, pero sigue sin ser posible el matrimonio entre personas del mismo género (si algunx de ellxs pertenece a alguna religión).  
El Homonacionalismo de la extrema derecha pretende integrar en esa idea de una nación homogénea a las minorías del colectivo LGBT, la tolerancia y la defensa de sus derechos como parte de la identidad nacional.
Para dar una mayor imagen de tolerancia, la extrema derecha europea usa, al igual que Israel, el “Pinkwashing”, que por definición es el proceso multidimensional llevado a cabo por el que las empresas, organizaciones, asociaciones, etc. buscan dar una imagen de tolerancia y reivindicación del colectivo LGBT pese a que en realidad no lo tengan. El Homonacionalismo de la extrema derecha pretende integrar en esa idea de una nación homogénea a las minorías del colectivo LGBT, la tolerancia y la defensa de sus derechos como parte de la identidad nacional (cosa que antes era impensable, ya que eran vistos como enemigos de la nación) que ha de ser defendida frente al inmigrante musulmán homófobo e intolerante (Esteban, 2017). El argumento principal de esta ultraderecha es que las sociedades occidentales son tolerantes en cuanto a la homosexualidad, mientras que la cultura islámica es intolerante. Otro argumento, que también ha influido al anterior, puede ser la normalización del colectivo homosexual en Europa, la progresiva ampliación de derechos llevada a cabo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ha tenido un reflejo en la adquisición de derechos por parte del colectivo homosexual, pero también en una mayor aceptación de estas minorías por la sociedad. Por estos cambios, se ha “modernizado”(entendiendo, a partir de la definición de Marshall Berman, por modernización el proceso por el cual una persona o un colectivo se adapta a su entorno social) el discurso, cambiando el enfoque principal del mismo. Dejan a un segundo plano ámbitos como los derechos de la comunidad LGBT (lo cual es entendible, teniendo en cuenta que los partidos de extrema derecha son, o han sido principalmente lgbtfobos). Muestran el Islam como una religión homófoba e intolerante y lo compara con las sociedades occidentales más transigentes. De esta forma se dan a ver como el “abrigo con el que arroparse” frente a los inmigrantes, los cuales son el verdadero peligro de la sociedad. No hay que olvidar que los partidos políticos son como las empresas, y necesitan clientes para sobrevivir y, para ello hay veces que tienen que dejar parte de sus idearios y “modernizarse” y con ello conseguir un número mayor de votantes. Según Lestrade, “El racismo siempre ha existido, pero actualmente la extrema derecha abre sus brazos a los gais para defenderlos de los negros y los árabes. Hace falta denunciar esto, porque es contrario a la agenda del colectivo homosexual, contrario al ideal gay, contrario a todo lo que nos ha hecho felices y orgullosos de ser homosexuales”. Después de analizar todo esto parece que ahora los partidos de derechas y de izquierdas y ano se diferencian por su posición frente al colectivo LGBT, pero si eso fuera cierto en toda Europa, dónde podemos encontrar que los partidos conservadores dicen ser defensores del colectivo al igual que los progresistas, ¿por qué siguen sin votar a favor de la ley del matrimonio igualitario en países como Suiza, Polonia o Italia?, o ¿Por qué siguen sin permitir que personas bisexuales u homosexuales puedan donar sangre en países tan abiertos como Bélgica? Si todos los partidos fueran “lgbtfriendly” no podríamos encontrar esa ausencia de derechos tan básicos en países que presumen de modernos.   Alpañes, Enrique. 2017. «Por Qué Algunos Gays Se Han Pasado A La Ultraderecha.» Yorokobu. http://www.yorokobu.es/gays-se-pasado-la-derecha/. Bartolomé, Marcos. 2016. «La Ocupación Tras El Arcoiris.» El Orden Mundial. https://elordenmundial.com/2016/12/29/13528/. Esteban, Nacho. 2017. «Una Nación LGTB.» El Orden Mundial. https://elordenmundial.com/2017/11/16/una-nacion-lgtb/. Moreno, Patricia. 2004. «La Historia Olvidada Del Nazismo: Los Homosexuales Durante El Holocausto.» Educació i Cultura 17: 195-210. Puar, Jasbir K. 2007. Terrorist Assemblages. Durham: Duke University Press.

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