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DOS MIL VEINTE: el no-año

En algunas cenas de navidad en 2019 se sonaba ya la existencia de un virus en Wuhan, China. Algunos hablaban preocupadamente de ello mientras que muchos otros apenas le daban importancia y, es que por dársela, hay quien no se la da ahora. Sin duda, ese nuevo coronavirus descubierto en China a finales de 2019, ha marcado todo 2020. Ha sido un año convulso, un año que será recordado toda nuestra vida, un año que ha venido fuerte. Un año de primeras veces, casi todas malas, pero primeras. Un año de los que aparecerá en negrita en los libros de historia. 

Al igual que muchos otros planes y eventos cancelados, este 2020, la plataforma de vídeos YouTube no hará su famoso rewind, donde normalmente recapitulaba en un corto vídeo todo lo ocurrido a lo largo de 365 días, ya que este año ha sido “diferente”, así que nos encargaremos de echar la vista atrás, a la campanada 12 de 2019, para recordar (casi) todo lo que ha ocurrido en España y alrededor del mundo. 

 

Nacional

Aunque haya sido el nombre más buscado del año y, probablemente, el más pronunciado, la COVID-19, ha habido otros pequeños acontecimientos a nivel nacional que, de no ser por la pandemia, tendrían toda nuestra atención. Además del monotema que ha abierto todos los noticiarios de nuestro país desde marzo, en España han tenido lugar pequeños sucesos que marcarán nuestra historia, algunas al margen de la pandemia. 

Tras meses de inestabilidad, a principio de año, Pedro Sánchez consiguió afianzar su investidura con una mayoría simple en el Congreso de los Diputados.  Esto permitió al que es ahora Presidente del Gobierno, dibujar su Gabinete en el que habría, por primera vez en la historia de nuestra democracia, ministros y ministras de otro partido. Tras dos elecciones que han pasado factura, y tras dejar de lado sus diferencias, PSOE y UP conforman el primero de muchos gobiernos de coalición en la España de la reciente etapa democrática. La hoja de ruta era clara… hasta que llegó el nuevo coronavirus y todo lo que parecía orden pasó a ser caos. Por ahora toda la acción de Gobierno se ha centrado en paliar los efectos de la pandemia, con sus muchos altibajos y contradicciones, y con sus muchas guerras con los gobiernos autonómicos, este gobierno de coalición se ha saltado el calentamiento para pasar directamente al levantamiento de pesas… esperemos que la halterofilia sea lo suyo. 

Nuevas caras han sido comunes como la del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, quien nos ha tenido jugando al Simón dice más de lo esperado. Junto a Fernando Simón, el resurgir de Bosé con su bicho sí-bicho no, el halago de Alaska y el vaivén decisional de Ayuso, podrían configurar las nominaciones a personajes revelación del año. Todo, sin olvidarnos del mejor actor: el emérito. Y es que en el peliculón de la solidaridad e igualdad, su hijo se ha visto obligado a renunciar a la herencia de su padre y a retirarle la asignación correspondiente de los Presupuestos Generales. Con todo el simbolismo que ello conlleva aún están aquellos férreos defensores del que consideran salvador y mesías de la democracia a Juan Carlos y por ello le eximen de todo pecado. Y es que no está juzgado, cierto es. Es entonces, a ojos de ellos, que por capricho, Felipe, ha castigado a su padre sin dinero y le ha reñido en el discurso de Navidad.  

Dejando de lado la pandemia real, es importante decir que España se ha convertido en el sexto país del mundo en aprobar la Ley de la Eutanasia. Una lucha social que ha terminado plasmando en el ordenamiento jurídico una demanda ciudadana mayoritaria. La lucha entre la muerte y la no-vida ha terminado para generaciones futuras y para quienes, a día de hoy, aún sufren. Junto a estas, otras medidas sociales también se han aprobado, aunque sin apenas éxito, como el IMV, las ayudas insuficientes a muchos autónomos que han tenido que cerrar sus negocios o la subida del SMI, perjudicial según el FMI. La Ley Celáa, aunque insuficiente y de poco consenso en la amplitud del marco parlamentario, ha hecho que la derecha llenase calles y redes de lazos naranjas en modo de protesta. En un año marcado por los tan sonados ERTES y dos Estados de Alarma, sobre poco más se ha podido legislar. 

De izquierda a derecha: Nadia Calviño, Salvador Illa, Pedro Sánchez y Fernando Simón. Fuente: Onda Cero

El aumento de las okupaciones este año, ha copado muchos telediarios. Muchas veces, incluso antes de las cifras de fallecidos por COVID-19. Y es que, innumerables acontecimientos han ocurrido en España aparte de la pandemia, como la inhabilitación de Quim Torra, la absolución de Rato, la reelección de Feijóo y Urkullu, una fracasada moción de censura, el abandono del emérito de España tras conocerse parte de su refinada corruptela… pero España no lo ha sido todo. 

 

Internacional 

Cruzando las fronteras, encontramos que el año comenzó encendido en el hemisferio sur, con los incendios en Australia y la desolación incontrolable que esto provocó en su población. Y es que a inicios de año, comenzaron los rumores y especulación sobre un nuevo virus, proveniente de China, sin expectación en el segundo mes del año, pero que rápidamente impactó en Europa, siendo Italia el principal afectado y sobre el que giraron todas las “soluciones” que Europa tenía en mente.

Es en marzo; con el inicio de la primavera, que llegó irónicamente el cierre de absolutamente todo lo no imprescindible: fronteras, puertos, aeropuertos, prácticamente cayó la movilidad y con ello frente a la habitual asimilación de la primavera con el germinar y crecer, el mundo paró. Paró por primera vez desde hacía siglos, con sus consecuencias y sus aportaciones, desde la paralización económica global, las crisis psicóticas por el abastecimiento de productos en todo el mundo, hasta la ralentización del cambio climático (que hoy por hoy vemos que fue un espejismo).

Con el paso del tiempo, la ciencia fue cuestionada, pues en el mundo de la posverdad, fue raro el día que Boris Johnson, Bolsonaro o Trump, no negaban la incidencia de afectados, las tasa de ingresos, o más nefasto, la negación de las muertes a causa de un ya más que conocido Covid-19. Ahora bien, todos ellos acabaron siendo víctimas de sus propias falacias, llevando a más de uno a la UCI. Junto al negacionismo y heroísmo propio de la épica más mainstream, llegaron teorías conspiranoicas sobre la muerte de Kim Jong Un. Pero la negación no puede ensombrecer la pérdida de iconos a lo largo y ancho de todo el mundo, desde históricos del deporte como Koby Briant o Maradona, hasta la jueza del Tribunal Supremo nortemericano, icono del feminismo, Ruth Bader Ginsburg. 

La esperada llegada del verano, fue un alivio para todos, ahora bien sin Juegos Olimpios de Tokio, pero eso si, entre tantos cambio como hemos pasado en este 2020, o anus horribilis mundial, eventos como la nueva constitución chilena o la aprobación del aborto en Argentina, dieron fe a una claudicante monotonía entorno al coronavirus. Sin parar ni un instante en la persecución de derechos humanos y civiles, en este 20202, la lucha racial en Estados Unidos, capitaneada desde el Black Lives Matter llevó a las calles una demanda para con la libertad de todos los afroamericanos, y en el mismo continente, las marchas contra el feminicidio en Latinoamérica exigieron derechos y protección. Cambios que desembocaron en relajación y esperanza, pero en Europa, ya a principios del otoño, volvió la preocupación y la angustia por una segunda ola, mitigada por una victoria en el eje mundial de poder capitalista (EEUU), del demócrata, John Biden (con la posterior pseudo-lucha por la victoria robada según Trump). 

Mural en recuerdo a George Floyd. Fuente: bbc.com

 

Y ya en esta última parte del año, en un último respiro con sentimiento de “qué más puede pasar”,  la marcha del Reino Unido de la UE, con un Brexist finalmente blando y acordado, y la nueva cepa del virus de origen británico, aislada no sólo políticamente sino también geográficamente por la precaución ante esta última mutación del virus, que únicamente es iluminada por la única verdadera esperanza para el 2021, la vacuna.

Conclusiones

No podemos terminar sin recordar a todas las víctimas de la pandemia, a quienes estuvieron luchando codo con codo en centros sanitarios y hospitales, y a quienes tuvieron que rehacer, por completo, su vida de forma precaria. Ha sido un año largo, literalmente un día más largo, y es que todos los males suelen venir juntos. Ha sido el año de los no-abrazos, de los no-besos, de las no-fiestas, los no-Juegos Olímpicos, los no-planes y de las no-sonrisas, porque todas se escondían bajo mascarillas. Un año en el que hemos sido un poco más hipocondríacos. Un año en el que, antes de salir de casa,  junto a la cartera, las llaves y el móvil, teníamos que recordar la mascarilla. Un año del que aprender que el aplauso de las ocho tiene que traducirse en votos, en agradecimiento por la sanidad pública, y en solidaridad real entre españoles y españolas.

La vacuna no será el cheque en blanco para poder cambiar de golpe la nueva normalidad para volver a la vieja, pero sí que es el billete de entrada a un tren que nos llevará a un 2021 más seguro, con esperanzas de futuro, y donde los no-abrazos se convertirán en la ilusión de un posible-abrazo futuro. Ahora, sí que sí, que empiece la nueva década en una nuevieja normalidad. 

Personal sanitario participando de los aplausos en su honor.  Fuente: El Periódico

 

Pablo Pardavila Romero (Ribeira, Galicia, 2000). Estudia Ciencias Políticas y Estudios Internacionales en la Universidad Carlos III de Madrid. Interesado por la comunicación política y el análisis electoral en España y Galicia ha participado en varios medios de comunicación y dirigido podcasts. Entre música, poesía y política se hace un hueco en Ideas en Guerra para “analizar los espectros del ahora en una realidad ruidosamente cambiante”.

Juan Diego Romero Piñas (Madrid, 1998), estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III. Apasionado del arte y la cultura, fiel defensor de la igualdad y la tolerancia. “La política mueve el mundo y nosotros somos su voz”. Demos un paso a la nueva era, donde no haya barreras ni fronteras, y nuestra bandera sea el respeto y la diversidad.

 

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