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DEL VIVA ESPAÑA A LA ESPAÑA VIVA

«Legué un espacio unificado y Casado lo ha heredado troceado en tres»

Estas palabras de José María Aznar ilustran la división que se ha dado en la derecha española desde la caída del bipartidismo. El Partido Popular siempre había agrupado votos muy variados, desde liberales hasta conservadores e incluso extremistas a la vez que sus políticas lo han definido como un partido de gobierno de ideología mayoritariamente moderada.

Esta moderación ha llevado a que el partido haya aceptado dos ideas que fundamentan la base del centro español: la influencia de la socialdemocracia, que hace que el PP se vea obligado a no atacar argumentalmente al estado social y a justificar los recortes como un mal necesario.

Y también algunas victorias de los movimientos sociales de minorías como son el matrimonio homosexual, los derechos LGTB+ y las leyes de violencia de género.

Por otro lado, la ley electoral, con el fenómeno de los partidos bisagra, les ha hecho pactar en numerosas ocasiones con los nacionalistas que tanto critican hoy en día. Basta con recordar a Aznar pactando con Jordi Pujol el apoyo de CIU y gobernando con los votos del PNV. Pactos que también les han pasado factura de cara a su electorado.

Estas realidades, como son el, ya pasado acercamiento y pacto con el nacionalismo y el aceptar los progresos sociales, eso sí de manera moderada y restringida, han sido el punto de partida de Ciudadanos y de Vox respectivamente. Por un lado Ciudadanos responde a las demandas de una formación con un  marcado perfil centralista y contraria al independentismo. Sin olvidar, que si algo ha les ha caracterizado eso han sido sus vaivenes ideológicos. Empezó considerándose socialdemócrata pero con el tiempo se ha enmarcado en el liberalismo económico con referentes como los presidentes Macron o Trudeau. Vox por su parte sigue las ideas liberales a nivel económico pero incide mucho más en el aspecto social, repudiando los derechos que PP y C’s aceptan en mayor o menor medida. Reivindica una “España viva” y una derecha sin complejos. Se inspiran en aliados como Le Pen o el mismo Donald Trump.

«La inmigración hay que regularla en función de las necesidades de la economía nacional»

Vox no es un fenómeno exclusivamente español. Se ha de entender en el contexto de la aparición de movimientos como el Frente Nacional en Francia, pero con algunas diferencias derivadas la mayoría de ellas de las peculiaridades propias de cada país y sistema político. Es una fuerza que se postula en contra de la inmigración ilegal, tema central de los grandes partidos populistas y de extrema derecha en Europa. Pero, por otra parte, también se opone al “feminismo radical”, y defiende la familia tradicional, en detrimento del matrimonio homosexual.

En España la idea del “cordón sanitario” para aislar el extremismo no ha calado. En Andalucía, Vox ya ha logrado convertirse en llave de gobierno y pactar con PP y Ciudadanos. Solo algunas voces en la derecha como Manuel Valls o Alberto Feijoo critican con dureza este acuerdo. Vox no solo está influyendo en la formación de gobiernos sino también en la ideología. En los últimos días se ha visto a Pablo Casado hablar de violencia doméstica (eliminando el término de violencia de género) y modificar su discurso hacia posiciones aún más reaccionarias.

 

Pero quién tiene quizás el auténtico problema es Ciudadanos. Un partido liberal y con una política marcada por la defensa del proyecto común europeo, que puede verse obligado a pactar con una fuerza contraria a tal proyecto en las próximas elecciones. El cómo le explicarán a sus socios europeos que han pactado con la extrema derecha en su país es una incógnita. Para Casado, Vox solo es una excusa para volver a un discurso con el que se identificaba hace tiempo. Cuando llamaba a la gente de izquierdas “carca” por buscar justicia para sus familiares represaliados durante la guerra y la dictadura franquista.

“Un partido de ultraderecha, racista, xenófobo y que justifica la violencia contra las mujeres”

Con este discurso y gracias a la unión de las tres derechas cayó el gobierno de Susana Díaz en Andalucía. Mucho ruido y poca autocrítica en la izquierda.  Podemos, tras perder también a muchos de sus votantes salía con una Teresa Rodríguez acusando a Vox de machista, racista, tránsfobo y con su secretario general llamando a la resistencia antifascista. Cero revisión propia.  Dejan su discurso a un lado y decide escoger el ataque y el insulto como arma contra este polémico partido. Recuerda a cuando surgió Podemos y, entre gritos de “comunismo” “Venezuela” y “extrema izquierda” asaltaron las instituciones y lograron, junto a Ciudadanos, romper el bipartidismo imperante.

Andalucía ha sido el jarro de agua fría que debe despertar a la izquierda si quieren tener alguna oportunidad contra el tripartito. La moción de censura impulsó a Sánchez electoralmente. Pero los problemas ministeriales y el desgaste en el gobierno, sumados a las acusaciones de pactos con los independentistas y las luchas internas, dañará irremediablemente al PSOE. Un partido que recuerda más a la época de las luchas internas de Alfonso Guerra que al gobierno de la moción de la dignidad. Por no hablar en este aspecto de la formación morada que va perdiendo fundadores a medida que pasan los meses.

Hay que tener en cuenta que la variedad de causas que está movilizando a la izquierda también la está debilitando. Este ha sido un año revolucionario en las demandas feministas y se ha avanzado la lucha por la memoria histórica, entre otros logros. Pero hay un problema esencial y es que se ha perdido el foco económico.

La garantía pública (con mucho debate) de los servicios sociales básicos de educación y sanidad han hecho que la izquierda pierda el principio de igualdad material inicial como objetivo histórico. Dando paso a luchas sectoriales que a pesar de ser muy relevantes, se vacían si no se manejan desde una perspectiva económica y social.

Llamar “extrema derecha” “fascistas” y demás apelativos a Vox y a sus votantes ha demostrado ser una estrategia inútil. Se echa en falta un discurso argumental serio que haga frente a sus ideas básicas. Para frenar a este partido no sirve con las proclamas, hacen falta datos. Se necesita observatorio contra la violencia de género, más movilización social y protección de los derechos LGTB+.

Si la izquierda no reacciona, el gobierno tripartito llegará a todas las comunidades y ganará las generales. Y lo que se perderá será mucho. No solo están en juego unos años de gobierno. Nos jugamos el que la idea de igualdad universal deje de ser el principio rector de nuestra sociedad . Si no lo defendemos,  el desarrollo social y democrático que nos ha llevado a donde estamos hoy habrá sido en vano.

Contra el miedo, solidaridad

Alejandro Diéguez Morató.
Estudiante de políticas y sociología en la universidad Carlos III de Madrid. Interesado en los procesos de desarrollo del estado y los derechos sociales a nivel nacional y en el desarrollo de los debates ideológicos a nivel internacional.

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