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DE POST-MILLENNIAL A POST-MILLENNIAL: Cómo sobrevivir al siglo XXI

En tiempos donde la política lo absorbe todo, el dinero parece ser la única razón útil para alcanzar un propósito y los medios nos bombardean con la noticia más mainstream del día, es necesario que nos replanteemos un poco cual es nuestra identidad, ¿qué nos une en esta era del “like” y el “retweet”?

 

Obviemos por un momento que estamos interconectados, podríamos decir que incluso simbiotizados, con eso a lo que llamamos “La Red”, y como si de la película de Matrix (1999) se tratase, nos rodeamos de un mundo inexistente, basado en un feed perfecto, colores visualmente armonizados y vidas de escaparate con el cartel de “all for 50%”, y quedémonos con esas caras que podemos reconocer a primera vista, con esas personas que salen de las pantallas y podemos llegar a considerar amigos (no confundir con los que incluimos en “close friends” de Instagram).

Pertenecer a la generación de la tecnología es sinónimo de ser consciente de que el resto del universo asume que posees capacidades innatas para saber piratear la cuenta de Netflix, localizar el mejor sitio de sushi del barrio o comprar las últimas Balenciaga a mitad de precio (con envío gratuito, claro), y con ello, nos reduce al último modelo de alguna camiseta de Zara en color flúor, es decir:

“A un ser postmillennial, prototipo de pseudo-modelos, con aspiraciones en el cielo de cualquier megalópolis y números rojos en la cuenta.”

Pero verdaderamente, ¿qué significa ser de nuestra generación?, dicen que tenemos una amplia noción ética entorno al trabajo, eso sí, individualista y asocial, es decir, somos como una especie de entes socialmente inadaptados, muy competitivos y con mucha ambición. Pero olvidan ciertas cosas sobre lo que supone pertenecer a nuestra generación; seremos asociales pero poseemos una noción identitaria más férrea y amplia que ninguna generación anterior.

Somos ejemplo del activismo, defendemos nuestros valores, aún  cuando nos niegan la voz. Inconformistas, quejicas, incomprendidos en muchas ocasiones, pero  a la vez, fuertes, decididos, e incluso me atrevería a afirmar que visionarios. Somos el futuro de una sociedad abocada a la superpoblación, a la multiculturalidad y a afrontar el clímax del medio ambiente. Una sociedad donde nos va tocar movilizarnos cada dia para conservar nuestros derechos y recuperar otros tantos. Un futuro donde precario será el adjetivo más extendido de trabajo. y donde deberemos asumir que no todos seremos como Kylie Jenner (y su billon de dolares es la industria del make up).

Nos han hecho creer que una carrera exitosa se basa en saltar de continente en continente, siendo un moderno freelance, y sin darnos cuenta entraremos en los thirties, sin sueldo fijo, sin piso en el centro y más acabados que la carrera de Katy Perry desde 2017.

“Tenemos que ser capaces y útiles, al igual

que lo fueron nuestros padres y abuelos”

No solo nos une la lucha por lo que creemos, dejando de lado si eres más de Florence and the Machine, Ariana Grande o Vetusta Morla, prefieres los ritmos de Rosalía o perreas con Bad Gyal; fuera de la pista de baile todos tenemos un objetivo común, un valor esencial, que nos hace ser la generación mejor preparada de todos los tiempos. Esa esencia que nos hace crecer y vernos como iguales, sin importar cómo vistamos o con quien nos metamos en la cama, estamos hablando del respeto mutuo.

 

Estamos en la edad del respeto, donde pensar libremente está en alta estima y hacerlo te libera de las ataduras del pasado, donde el conocimiento se comparte y se expande más rápido que un rumor en el Upper East Side de Gossip Girl (2007). Donde las ideas no son mercancía que el mercado haga suyas y venda al mejor postor. Ahora bien, tenemos que continuar combatiendo al que nos silencia, al que nos mercantiliza, nos oculta y nos niega, reduciendo nuestra identidad a una máquina.

“Somos mucho más que una pieza de coltán.”

Con esto, quiero hacer una defensa de la identidad de una generación, mi generación, puesto que nos toca sobrevivir bajo el yugo de la intolerancia de muchos, incluso de gente que seguramente tengamos en esos “close friends” de Instagram que decía al inicio de este artículo.

 

Plántale cara, reivindica lo que piensas y sueñas, anhela un futuro donde la igualdad se vea por las calles, por los barrios, y por ese Iphone XX (último modelo); porque nos tiene que quedar claro que para avanzar, hemos de hacerlo unidos, en squad, como dirían los iconos a los que tantos “likes” damos.

 

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