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Una crítica materialista a John Rawls: el velo de la ignorancia y el ser social (I)

Desde la publicación en 1971 de la Teoría de la Justicia de Rawls, la filosofía política ha recuperado su espacio en los debates y en el estudio académico. La mayor parte de los debates relativos a la teoría política normativa –cómo debemos concebir un futuro justo, cómo deben ser las instituciones, etc.– no pueden dejar de lado las ideas de Rawls, ya sea para defenderlas o para criticarlas.

Ideas fundamentales de Rawls

Según Rawls, las personas somos individuos racionales y razonables, es decir, actuamos racionalmente para perseguir nuestros propios intereses, pero esto no implica que pensemos de manera completamente egoísta, sino que entendemos el impacto que nuestras acciones pueden tener en otros individuos e intentamos actuar positivamente (Sibley, 1953).

Así, las personas razonables «están dispuestas a proponer principios y normas como términos justos de cooperación y cumplir con ellos de buen grado, si se les asegura que las demás personas harán lo mismo» (Rawls, 2006a, p.67), lo que permite la cooperación entre los individuos y, por tanto, un consenso entrecruzado. Sin embargo, ¿cómo podemos llegar a este consenso entrecruzado? ¿Cuál es el concepto de justicia que debe regir la sociedad y que esté aceptado de manera igual por todos los individuos que la integran?

Rawls propone una concepción política de la justicia, en contraposición a lo que él llama doctrinas comprehensivas. De esta forma, en lugar de justificar el concepto de justicia según una ideología, una religión, etc., lo que propone es encontrar un punto intermedio entre las diferentes concepciones de justicia, un denominador común que sea aceptado por todos los individuos.

Para conseguir este consenso entrecruzado, Rawls recurre a la idea de un contrato social establecido en la posición original a través del velo de la ignorancia. Es decir, para que este contrato sea aceptado por todos, el acuerdo debe tomarse bajo ciertas condiciones equitativas entre personas libres e iguales.

Así pues, podemos colocarnos en la posición original en cualquier momento, simplemente argumentando los principios de justicia conforme a las restricciones que nos impone el velo de la ignorancia, tales como el desconocimiento de nuestro lugar en la sociedad o nuestra clase social, nuestros talentos o deficiencias naturales, si seremos ricos o pobres, etc. (Rawls, 2006b). Por ende, en la posición original nadie puede conocer en qué situación social o qué determinaciones concretas tendrá su propia persona en el mundo real, lo que garantiza que este acuerdo se tome en condiciones equitativas entre personas libres e iguales, y, por tanto, «el velo de la ignorancia hace posible la elección unánime de una determinada concepción de la justicia» (Ibid, p.139).

Así, aunque la «posición original es puramente hipotética» (Ibid, p.33), seguir el procedimiento a través del velo de la ignorancia nos permite, según Rawls, establecer los principios de justicia razonables para todos y públicamente aceptados, para posteriormente aplicarlos a la estructura básica de la sociedad, y así conseguir una sociedad bien ordenada por estos principios, que permita que la sociedad sea un sistema equitativo de cooperación (Rawls, 2018).

Materialismo e idealismo: el individuo como ser social

Si queremos estudiar científicamente la sociedad, esto es, desde una perspectiva materialista, debemos «explicar el mundo material a partir de sí mismo, sin cualesquiera añadidos extraños y sin “sustracciones” mutiladoras» (Iliénkov y Naúmienko, 1977, p.10). Esto implica hacer lo contrario de lo que hace Rawls con su velo de la ignorancia, ya que, al pretender que nos abstraigamos de nuestras particularidades –esto es, en última instancia, de nosotros mismos– presupone implícitamente la independencia entre la consciencia y la materia. En otras palabras, Rawls asume que la consciencia tiene su propia sustantividad, su independencia respecto a las personas pensantes como seres sociales.

La cuestión que se plantea aquí es, en definitiva, lo que Engels (2006) denominó «el gran problema cardinal de toda la filosofía», que no es otro que «el problema de la relación entre el pensar y el ser» (p.18), «el problema de saber qué es lo primario, si el espíritu o la naturaleza» (p.19). Marx (1970) nos aclara esta cuestión de la siguiente manera:

Mi conciencia general es sólo la forma teórica de aquello cuya forma viva es la comunidad real, el ser social, en tanto que hoy en día la conciencia general es una abstracción de la vida real y como tal se le enfrenta. De aquí también que la actividad de mi conciencia general, como tal, es mi existencia teórica como ser social (p.146).

Por tanto, cuando hablamos de la relación entre el alma –o el espíritu, o la consciencia– y el cuerpo –o la naturaleza, o la materia–, debemos tener en cuenta que «no se trata de dos “cosas” diferentes que pudieran establecer relaciones recíprocas diversas entre sí, sino de la misma “cosa” en dos proyecciones diferentes», que hacen referencia a «la misma “cosa” efectivamente indivisible: el cuerpo pensante» (Iliénkov y Naúmienko, 1977, p.5).

Así pues, «engendrada desde lo material, lo práctico, la consciencia no puede pretender una existencia autónoma que se encuentra en relaciones externas con el ser, sino que se halla en contradicción interna con él» (Bosenko, 2018, p.51), y, por tanto, solo podemos comprender el pensamiento si lo examinamos como resultado del «conjunto infinito de “cuerpos”, del cual forma parte también el cuerpo del hombre» (Iliénkov y Naúmienko, 1977, p.6).

Por consiguiente, el ser humano, en cuanto ser social, no puede ser abstraído ni entendido sin el contexto en el que vive, sin la clase social a la que pertenece, sin sus experiencias, etc. No existe una naturaleza humana innata, inmutable e independiente, anterior incluso a los propios individuos, sino que la naturaleza humana, si queremos expresarla en estos términos, es precisamente que la consciencia está en constante desarrollo, y que esta es inseparable del ser pensante como ser social.

Una vez expuesto lo anterior, podemos ver con claridad el idealismo sobre el que se sustenta todo el sistema rawlsiano: el proceso del velo de la ignorancia no es otro que el de pretender desvestir a los individuos de sus particularidades, arrancar de ellos lo que les hace tener una personalidad propia –lo que les hace ser personas, en definitiva–, para llegar a una especie de individuo abstracto, que no deja de ser una suerte de esencia humana, la naturaleza humana al descubierto.

Por tanto, Rawls deja de lado el hecho de que el ser humano es un ser social, y convierte al individuo en un ser asocial y ahistórico. Rawls, entonces, recoge la teoría de la elección racional y asume su posición respecto al ser humano. Estas presuposiciones, en cuanto se hacen desde el idealismo, no pueden justificarse de otro modo que no sea mediante su aceptación como axioma o como dogma, ya que no pueden demostrarse científicamente.

Efectivamente, Rawls no pretende «hacer ciencia», pues su ámbito es el de la teoría política normativa y no la explicación de la realidad presente, por lo que esta crítica a la acientificidad de su modelo podría parecer inválida. Sin embargo, es importante entender que no puede desligarse la teoría normativa de las ciencias sociales, ya que se debe partir de bases teóricas científicas para poder hacer propuestas normativas que sean algo más que simples ensoñaciones platónicas.

Bibliografía

Bosenko, V. (2018). Contenido gnoseológico del concepto de materia. En Carrión, V.A. (Ed.), El proceso de formación de la teoría. (pp. 45-63). Ecuador: Edithor.

Engels, F. (2006). Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. En, Engels, F., y Marx, K., Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (y otros escritos sobre Feuerbach). (pp. 7-57). Madrid: Fundación Federico Engels.

Engels, F., y Marx, K. (1970). Manuscritos: economía y filosofía. Madrid: Alianza Editorial.

Iliénkov, E.V., y Naúmienko, L.K. (1977). Tres siglos de inmortalidad. https://www.marxists.org/espanol/ilienkov/tres-siglos-de-inmortalidad.pdf

Rawls, J. (2018). La justicia como equidad. Una reformulación. Barcelona: Ediciones Paidós.

Rawls, J. (2006a). Liberalismo político. México: Fondo de cultura económica.

Rawls, J. (2006b). Teoría de la justicia. México: Fondo de cultura económica.

Sibley, W. (1953). The Rational Versus the Reasonable. The Philosophical Review, 62(4), 554-560.

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