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CHILE IMPARABLE

Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor» 

Salvador Allende

 

“Evade el metro”. Con ese lema comenzó la semana del 14 de octubre una crisis social en Chile que llevó a la declaración de Estado de Emergencia en la madrugada del 19 de octubre – medida que no se tomaba desde la dictadura. La subida del precio del metro hizo que cientos de chilenos, encabezados mayoritariamente por estudiantes de secundaria, se dedicaran a saltar las rejas del metro durante toda la semana. La respuesta a esto fue más represión por parte de los carabineros chilenos. Las evasiones masivas aumentaron la tarde del 18 de octubre y ese día se registraron grandes disturbios que se reflejaron sobre todo en saqueos e incendios. 

La incertidumbre por cómo continuaría todo esto llenó aquella madrugada las casas de los habitantes del país. Muchos creyeron que era el comienzo de algo mucho más grande, mientras otros afirmaban que la salida de los militares a la calle y el temor que esto generaba en la población harían que, en pocos días, todo volviera a la normalidad. Dos semanas después, las calles de Santiago, Valparaiso, Concepción y demás ciudades se siguen llenando cada tarde de manifestantes al grito de “Chile despertó”; y no parece que se vaya a dormir. 

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? 

La mañana del 19 de octubre, los principales medios internacionales se hacían eco de la noticia con titulares que apuntaban a la subida del precio del metro como la causa de este estallido social. Si bien es cierto que la subida de 30 pesos (equivalente a 0,046 euros) fue el detonante de todo esto, las causas se encuentran más bien en la desigualdad y las el rechazo a las políticas neoliberales que se han implantado desde la dictadura de Pinochet. Indudablemente, el país andino es uno de los que más influenciados se ha visto en la práctica por la Escuela de Chicago. 

En Chile, el PIB crece aparentando una economía cada vez más fuerte. Pero también es el tercer país más desigual en cuanto a ingresos de los que forman parte de la OECD. Según el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), un 1% de la población acumula el 26,5% de la riqueza y el 66,5% de este se encuentra en manos del 10%. Más de la mitad de la población cobra 400.000 pesos chilenos o menos al mes (equivalentes a 483 euros). Con ese dinero tienen que pagar, en la mayoría de los casos, gastos de salud, educación y pensiones, ya que apenas existe cobertura pública. Chile es, además, de los países más caros de América Latina y su capital, Santiago, en la que se concentra cerca del 40% de la población chilena, se sitúa como la cuarta ciudad más cara Latinoamérica. 

A todo esto debemos sumarle la represión que sufren las personas que salen habitualmente a manifestarse. Las principales calles se ven repletas de carros lanza-agua y zorrillos – vehículo utilizado por los carabineros para lanzar lacrimógena – que tratan de desalojar las zonas e impiden a las masas mostrar su descontento con la situación. En los últimos días, además de lo mencionado, se ha empleado el uso de perdigones llegando incluso a personas que nada tenían que ver. Por desgracia, hasta que no ha resultado herido un observador del Instituto Nacional de Derechos Humanos no se ha puesto el foco en esto último. Ahora se está investigando cómo el uso de balines puede ser reemplazado y parece que se está despertando una mayor conciencia acerca de la represión a la que cientos de personas hacen frente cada día. Se conocen oficialmente 20 víctimas mortales, más de 1.300 heridos y alrededor de 4.200 detenidos. 

¿Cuáles son las demandas? 

Piñera se vio obligado a dar marcha atrás con la subida del precio de metro a los pocos días de comenzar el estallido social. Sin embargo, eso no sirvió para contentar al pueblo, quedando demostrado lo que ya se sabía: que el precio del metro no era el verdadero problema y que las demandas del pueblo iban mucho más allá. 

Lo cierto es que se trata de un movimiento con un componente transversal, pues podemos encontrarnos con gente que pide una nueva constitución como con otros que se conforman con un mejor sistema de pensiones. Pero “nueva constituyente” o “Piñera renuncia” son , sin duda alguna, dos de los lemas que más se escuchan y leen en las pancartas de los manifestantes. 

La Constitución Política de la Republica (CPR) de Chile fue promulgada en el año 1980, siendo fruto de la dictadura de Pinochet. Que, años después, esa siga siendo la norma suprema del país resulta difícil de entender. En la ultima semana, muchos se han reunido en cabildos tratando de organizarse para ser escuchados mientras el Congreso ha iniciado ya un proceso constituyente. 

Otros, como he mencionado, se conforman con pequeñas reformas o con que Piñera renuncie. Sin embargo, la renuncia de Piñera implicaría un nuevo candidato del mismo partido; motivo por el cual hay quienes abogan por su destitución. De momento, el Presidente ha formado un nuevo gabinete dejando fuera a su primo Andrés Chadwick, ahora exministro de defensa y uno de los peor valorados del Gobierno. 

¿Vuelta a la normalidad? 

Tras la “marcha más grande de Chile”, que tuvo lugar el 25 de octubre y que congregó a más de 1,2 millones de personas en las calles principales de Santiago, se trató de volver al orden establecido. A lo largo del fin de semana los principales medios no pararon de repetir que todo estaba volviendo a la normalidad y que se respiraba un ambiente tranquilo. Nada más lejos de la realidad, el pueblo chileno no tiene intención de parar hasta conseguir cambios verdaderamente significantes. Las calles seguían llenas de gente y el lunes la entonces intendenta Karla Rubilar – ahora Ministra Secretaria General de Gobierno – tuvo que reconocer que pretender que todo vuelva a como estaba hace dos semanas y asegurar que la tranquilidad ha vuelto a la ciudad sería ignorar la realidad. 

Piñera trató, aún así, de dar un paso más. El sábado, 26 de octubre, se levantó el toque de queda y el domingo firmó el fin del Estado de Emergencia. Ambas medidas habían sido tomadas con demasiada precipitación y tan solo habían servido para agitar más el ambiente. Él mismo reconoció su error, aunque llegó tarde. Pasó de afirmar que estaba “en guerra con un enemigo peligroso” a intentar unirse al éxito de la manifestación del más grande que se ha vivido en democracia en Chile. “Todos hemos escuchado el mensaje. Todos hemos cambiado” escribió en su cuenta de Twitter acerca de dicha manifestación, que describió como “multitudinaria, alegre y pacifica”; obviando que la marcha era, principalmente, en su contra y que tampoco estuvo exenta de represión por parte de las Fuerzas del Estado. 

El pueblo chileno ha demostrado en estas semanas que no le tiene miedo a la represión ni al toque de queda. Como el que se ha convertido en himno de esta insurrección dice, el pueblo reivindica el Derecho de vivir en paz. Y eso conlleva una serie de cambio que se deberían tomar en consideración durante los próximos días.

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