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CHILE: cuando el pueblo hace Historia

En 1990 se puso fin a diecisiete años de dictadura mediante un referéndum que, si bien abrió el camino a la democracia en Chile, no supuso grandes cambios estructurales; estando vigente, hasta el día de hoy, la Constitución de aquellos tiempos que hace del país andino un país con una Carta Magna de dudosa legitimidad de origen. En el momento de plantear el plebiscito de 1988, la victoria del “NO” fue algo que no se esperaban. La aclamada película de Pablo Larraín, titulada justamente “NO”, lo narra bien. En una de las primeras escenas, al reunirse el equipo de campaña por el “SÍ”, uno de ellos afirma, dirigiéndose al dictador, que tienen algo mucho más poderoso: “usted tiene un sistema en el que cualquiera puede ser rico; no todos, pero sí cualquiera”. En eso se basa la falacia del sistema neoliberal construido por Pinochet y los Chicago Boys al que este domingo Chile decidió intentar poner fin.

El pueblo chileno dijo basta el 18 de octubre de 2019. Las protestas que se venían dando a lo largo de toda la semana se convirtieron aquel día en algo mucho más fuerte. Reformas en sanidad, pensiones, educación y una nueva Carta Magna suponían las principales demandas de las marchas. En uno de los países más desiguales del mundo y el único en el que hasta el agua se encuentra privatizada, la subida de 30 pesos en el precio del metro fue tan solo la punta del iceberg.

En aquel momento reinaba la incertidumbre. Mientras algunos aseguraban que la declaración del estado de alarma relajaría el ambiente por el miedo a la represión y que quedaría todo en algo anecdótico, otros confiaban en que un movimiento que había surgido de forma tan espontanea y con tanta fuerza no podía quedarse en nada. Solo el tiempo lo diría. Meses después, la gente seguía llenado las calles; en especial los viernes, día escogido para convocar al mayor número de personas posible.

Así, el pasado domingo, 25 de octubre, tuvo lugar la celebración del plebiscito en Chile. Pese a que en un principio se fijó el plebiscito para abril, la situación sanitaria debido al COVID-19 llevó a que este tuviera que ser aplazado hasta octubre. La responsabilidad del pueblo hizo también que las marchas se detuvieran temporalmente.

La elección de la fecha final no es tampoco casual. El 25 de octubre de 2019 las calles de los principales puntos del país se llenaron de gente clamando una vida más digna, el proceso constituyente en Chile. Aquel día Sebastián Piñera, presidente de Chile, publicó un tuit en el que decía haber escuchado las demandas del pueblo tras lo que él catalogó como una multitudinaria, alegre y pacífica marcha. Si bien fue multitudinaria (la asistencia en todo el país superó los 2 millones de personas, y en Santiago se reunieron más de 1,2 millones), la represión hacia los asistentes de la misma fue, una vez más, de una gran brutalidad: lacrimógenos, porrazos y perdigones. No obstante, Piñera fue consciente de que no le quedaría otra que escuchar de verdad las demandas del pueblo.

Chile «aprueba»

El domingo la opción del “Apruebo” frente a la cuestión de “¿Quiere usted una nueva Constitución?” ganó con una aplastante mayoría al “Rechazo”. El resultado fue de un 78,27% frente al 21,73%. En la propia ciudad de Santiago, tan solo tres comunas apostaron por el “rechazo”: Las Condes (55,94%), Vitacura (67,01%) y Lo Barnechea (60,94%). Lo que tienen en común estas tres zonas es que se trata los lugares de la capital que mayor renta acumulan. Las dos primeras son, en realidad, también las dos comunas que mayores ingresos acumulan en todo el país. Asimismo, se trata de comunas donde la participación electoral siempre ha tendido a ser más alta en favor de la derecha. No cabe duda de que la constitución vigente no va en contra de sus intereses. En contraposición, aquellas comunas con el mayor porcentaje de “Apruebo” fueron algunas de las que acumulan menores ingresos: en La Pintana alcanzaron el 88,47% y en Puente Alto el resultado fue de un 88,23%.  

La segunda cuestión era referente a la forma en la que se constituirá la convención que redactará esta nueva Ley Fundamental. A la pregunta “¿Qué tipo de órgano debería redactar la nueva Constitución? Los chilenos debían escoger entre “Convención mixta constitucional” y “Convención constitucional”. La primera implicaba que se elegirían de forma directa 86 personas de manera paritaria y otras 86 serían escogidas de forma interna en el Parlamento. La segunda opción abría paso a la elección de 155 representantes de forma paritaria sin que se escoja nadie del    Parlamento. Con el 79,04% de los votos, los chilenos optaron por la “convención constitucional”; lo cual lleva a que el 11 de abril de 2021 se vayan a escoger a los 155 representantes exclusivamente para redactar la nueva constitución.
Una de las principales noticias supone que será la primera vez que una mujer participe en la redacción en Chile y que será, además, la primera constitución paritaria del mundo. Para la aprobación de cada contenido, se deberá contar con un quorum de 2/3 de los integrantes de la convención, quienes serán escogidos el 11 de abril. Habrá que esperar a la campaña de los distintos grupos y los resultados de ese día para ver qué línea se seguirá.

La participación: el factor clave

La gran incógnita del plebiscito era la participación. Chile estaba sumido en un periodo de desafección. La participación se venía disminuyendo desde la década de los 90, llegando en 2016 al mínimo histórico de participación en las elecciones municipales, donde tan solo el 35,4% acudió a las urnas. El país andino tenía un sistema de voto obligatorio hasta 2012, a partir de lo cual la participación se redujo muchísimo. Pasó de situarse por encima del 87% en la primera vuelta en el año 2009 a quedarse por debajo del 50% en 2013. La desconfianza hacia las instituciones y el hartazgo de la gente con la clase política no hacían más que crecer. En 2016, según un informe desarrollado por el PNUD, tan solo el 38% de los ciudadanos consideraba que votar en las elecciones era muy importante para ser un buen ciudadano y el 40% afirmaba que no la política no les interesaba. Como se ha mencionado, la participación crecía en aquellas comunas con mayores ingresos; cerca del 67% acudió a ejercer su derecho a voto en Vitacura frente al 40% en La Pintana.

La participación el domingo estuvo en torno al 51%, acudiendo a votar cerca de 7,5 millones de personas de un censo de 14 millones. Se trata del mayor dato desde la introducción del voto voluntario. No obstante, dicho dato sigue sin ser demasiado positivo. No podemos obviar que nos encontramos en el contexto de una pandemia mundial, pero la legitimación y aceptación de esta nueva constitución también dependen del apoyo recibido.

Asimismo, todo apunta a que la participación fue mayor entre los jóvenes, a diferencia de la tendencia que se venía dando en las últimas elecciones. El PNUD alertó en 2017 de que jóvenes de entre 18 y 29 años suponían el 34% de la abstención total. Pero, sin lugar a duda, en el contexto actual, han sido los jóvenes quienes más motivados se han podido sentir por la capacidad de cambio del estallido que ellos mismos iniciaron.

Lecciones de Chile

Uno de los problemas principales o puntos débiles de un movimiento así consiste en la falta de una organización clara. Mucha gente se aglomera en las marchas y en las asambleas de los distintos barrios, asociaciones o centros educativos; pero no existe algo que estructure el movimiento de forma más cohesionada. Sin embargo, esto supone también una de las fortalezas de unas revueltas que pertenecen enteramente a un pueblo que ha demostrado su potencia durante el último año.

Chile ha dado un ejemplo de cómo la vía insurreccional puede llevar a realmente a cambios que, a priori, pueden ser sustanciales. Solo el pueblo ha conseguido abrir un nuevo horizonte. Pese a la baja participación y las dudas acerca de si las demandas serán de verdad canalizadas en la nueva constitución, hoy toca alegrarse y enorgullecerse del camino recorrido. 

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