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CHALECOS AMARILLOS, en cólera y sobre el pavimento

“Quien siembra la miseria, recoge la cólera”

Rezaba una de las pancartas más famosas de lo que ya es el movimiento “gilets jaunes” (chalecos amarillos). Esta afirmación nos conduce a la idea fundamental de que todo asunto político presenta un componente de clase.

En primer lugar, fruto de una política pública enmascarada como necesaria por su componente medioambiental, para muchos no era más que otro impuesto sobre las espaldas de quienes ya andaban encorvados. Fue entonces cuando montaron en sus coches y cogieron sus chalecos amarillos para luchar contra esta política, pero en el fondo había mucho más. La tasa sobre los carburantes solo fue la gota que colmó el vaso de los franceses, especialmente de aquellos que viven del transporte y en ciudades alejadas de la capital, pues muchos han resaltado que esta política ignora la realidad de la mayoría de los franceses y muestra claramente lo centralizado que es el país del hexágono. Además, a pesar de que Macron dijese que esta tasa suponía un llamamiento a la ciudadanía para cambiar sus hábitos de consumo, no puede probarse que subir su precio implique directamente la bajada de su uso. Muchos ecologistas también alertaban de que esta política verde no tenía tanto de verde como de injusta y, de hecho, una de las mujeres conocidas dentro del movimiento es una trabajadora de cosmética “bio” que defiende la lucha como un movimiento que busca la tranquilidad de la vida cotidiana y el derecho a vivir sin estar ahogados para llegar a fin de mes. Priscillia Ludosky, mujer y negra, muestra la otra cara del movimiento social en el que las mujeres se han incorporado, contra la idea general de que los trabajos que conllevan la necesidad de transporte son cosa del género masculino.

Sin embargo, fue también el descontento y la rabia contra la clase política y mediática lo que los llevo a tomar las calles de todos los departamentos de Francia y, como muchos anunciaban mientras paseaban por unos Campos Elíseos vacíos de turistas, no habrá transición ecológica si no es una transición justa. Y es más, esa desconfianza en lo mediático no hecho más que aumentar desde que comenzó el movimiento (datos en Institut Kantar), altamente apoyado por aproximadamente un 75% de la población.

 

«La clase trabajadora se ha cansado de ser la encargada de sustentar a un Estado de Bienestar que no sustenta a sus ciudadanos, que les da un poco de pan y ninguna rosa»

Si nos alejamos de la óptica estándar y nos acercamos a la cultura revolucionaria francesa (Revolución francesa, Comuna de París, Mayo del 68…), comprenderemos que lo sorprendente de este movimiento no es tanto su violencia, si no su expansión, duración y grado de apoyo, consecuencia de la gran amalgama de corrientes políticas que lo aglutinan. Sin embargo, nos debe quedar claro que la lucha es del pueblo, y que esto resuena a aquella canción de Piero y Silvio Rodríguez que decía así: “Para el pueblo lo que es del pueblo, porque el pueblo se lo ganó”. Parece que la clase trabajadora se ha cansado de ser la encargada de sustentar a un Estado de Bienestar que no sustenta a sus ciudadanos, que les da un poco de pan y ninguna rosa.

Al final, el descontento ha hecho que los chalecos amarillos se desliguen de su primer motivo y pidan más, empezando por la dimisión de Emmanuel Macron. Aunque podría pensarse que la izquierda se frota las manos ante este posible escenario, esto no anda más lejos de la realidad. De hecho, Marine Le Pen parece más fuerte que nunca, y la izquierda de la France Insoumise de Mélenchon ha empezado a preocuparse con esto de que los señalen como aquellos que también apoyan a los que piden cosas como el cierre de fronteras, por lo que se han alejado. La extrema derecha de Rassemblement National se está haciendo con el control del movimiento que debería- por su componente de clase- verse apoyado por la izquierda nacional e internacional, pues si se deja, el discurso xenófobo y sexista de la extrema derecha se hará con el discurso del pueblo y de la clase obrera. En definitiva, en una sociedad cada vez más polarizada, el “estás conmigo o contra mí” no hace más que dar fuerza a la extrema derecha y de eso no hay duda de que el movimiento de los chalecos amarillos es una muestra. Pues, a pesar de ser un movimiento que desde un principio buscaba ser transversal y apolítico, que no ha querido presentar líderes y que no es organizado, como tampoco lo son sus propuestas, los partidos políticos siguen siendo el nexo de conexión entre sociedad y Estado, y quién apoye y cómo al movimiento es importante. 

« Sous les pavés, la plage ». Así leía la famosa frase del mayo francés que no es más que una afirmación poética sobre la liberación estudiantil y trabajadora. Bajo el pavimento, símbolo de las barricadas, el pueblo encuentra la arena, la playa, la liberación en última instancia.
En este caso, el movimiento gilets jaunes comenzó el 17 de noviembre y cada sábado continúa. Muchas cosas se han conseguido, Macron decretando el “estado de emergencia” social y económico, el aplazamiento de la tasa sobre los carburantes y finalmente su anulación… pero dónde va a ir a parar y si está condenado al olvido está por ver. O como dirían los franceses, on verra.

Luchando sobre el pavimento,

aunque aún no se sabe si bajo éste, encontrarán la playa.

 

Emma Lancha Hernández
Castellano-manchega. Estudiante de Ciencias políticas y Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid, donde también ha participado en la asociación Welcome Refugees. Actualmente estudiando en Sciences Po (París). La política y la cultura en todas sus expresiones son sus pasiones. Leer y escribir para aprender y comunicar, herramienta fundamental en las sociedades actuales.

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