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APOLOGÍA Y PETICIÓN: LA POLÍTICA CONTINÚA SIENDO UN PROBLEMA

Hace unos días mientras leía Vieja y Nueva Política de Ortega, miraba de reojo, de lejos, la televisión, eso sí, sin volumen. La verdad que no sé porque no la apagué, pero eso ahora no importa.  De esa combinación entre la TV y la obra de Ortega, entre la Política de hoy hecha a golpe de slogan, y del ayer a construida a golpes sobre las mesas, pude vislumbrar dos tiempos,en los que tanto en uno como en otro siguen los golpes, pues, habrá llegado la televisión y otros avances que hacen nuestra vida más fácil o quizás más sedentaria pero que esos avances y mejoras-propios de las tecnologías- parece que no ha llegado aún a nuestra política.

Empecemos por el principio. El autor.  José Ortega y Gasset. Escritor, ensayista y filósofo. Intelectual, sin cuya obra no podría entenderse la vida política, cultural y social de la primera mitad del Siglo XX de nuestro país. Fue intelectualmente un  provocador y defensor de un liberalismo modernizador y renovador. Actuó y pensó desde la realidad española, delimitó el ser del deber ser, es decir, lo que debería ser España y lo que era España. Fue un pensador al estilo español, antes periodista que filósofo, un intelectual de zapatos y sombrero, un buen burgués al que no le importaba hablar del pueblo, de la realidad cotidiana, de lo popular y real.

Ortega nos escribe desde un  contexto de crisis caracterizado por un funcionamiento de tipo caciquil, corrupción política y una creciente conflictividad social. ante lo cual su voz se va a erigir como estandarte de la modernidad y camino para una sociedad civil crítica y comprometida con la realidad del momento.  

De esta forma, con el objetivo de hacer nacer una España viva de libros y cafés frente a una España de caciques y pasivos hombres, se inauguró la Liga de Educación Política en el teatro de la Comedia de Madrid con la conferencia «Vieja y nueva política» a cargo del mismo Ortega en 1914, año en el que Unamuno publica “Niebla”, Juan Ramón Jiménez “Platero y yo” y el propio Ortega “Meditaciones del Quijote”.  La conferencia supuso el inicio de una andadura que buscaba como punto de llegada el despertar de España, la regeneración y consolidación de la patria española.

La conferencia se inicia con la distinción entre la vieja y nueva política. Dos formas de actuar en la arena política. La vieja política se manifiesta a través de un sistema falsamente competitivo de partidos, sustentado bajo el beneplácito de los medios de comunicación y las oligarquías. Y por otro lado, la nueva política, alternativa a la segunda, está basada en un nuevo proyecto de país, desde la educación y la modernización.

Todo ello nos encamina a hacer referencia otros dos términos fundamentales de la conferencia, como son la idea de una España viva y una España oficial. Pues, la vieja política nacida con el forjamiento y desarrollo de la Restauración es en sí misma una expresión de la  España oficial, del modelo de país que se ideó en las Cortes de 1875 y que se plasmó en la Constitución Canovista de 1876.

La distinción recoge y ejemplifica a su vez la distinción entre la España oficial definida comoese conjunto una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación”,  y la España vital, la España que está en desarrollo, la que ha de imponerse y gobernar.  

Dos Españas en contradicción, es decir, en  una lucha continua de la que solo puede quedar una. Para Ortega la que se ha de alzar con la victoria en esta lucha histórica es la España viva, la nueva política. ¿Pero cómo ganar esta batalla? Para ello hemos de partir de la realidad. El centro de poder político y social  se halla en manos de la España oficial desde hacía siglos, lo que ha permitido que ésta-la España oficial-eche raíces en toda institución, persona y conciencia. Por lo que, para el triunfo de la España vital, ésta ha de partir de la idea de que la batalla no solo se juega en el plano de lo político, la lucha va mucho más allá, pues las raíces del problema de españa son profundas e históricas. Por tanto, la nueva política debe presentar no un proyecto político sino más bien un proyecto de nación, de España. Y para ello su actuación no ha de labrarse solo en el parlamento, sino en las calles; a través de un trabajo continuo y constante. Todo ello deriva en la idea de que el “problema de España” no sea un problema únicamente de corte político, sino histórico. Es decir,  España como problema no es algo de hoy o del ayer, sino de siempre, de la histórica y contaminada conciencia española. Por ello, la nueva política ha de nacionalizar la vida política y social, ha de hacer la política labor de la ciudadanía. La nueva política debe, por un lado, garantizar el correcto funcionamiento del estado, de las instituciones y del poder en sí mismo; pero, por otro lado, ha de despertar y organizar la vida nacional, aquello que trasciende y es independiente  de lo político, del Estado.

Para Ortega, el desarrollo de una sociedad civil movilizada y desarrollada es lo que hace fuerte a una nación.

 

Si realizamos un salto temporal,encendemos la TV, y nos situamos en el presente, parece que muchos de los problemas del pasado y sus ecos resuenan hoy como realidad misma. Ello me lleva a comparar el carácter histórico de los problemas españoles y la distinción entre vieja y nueva politica en el pasado y presente.  

En 1914 la Constitución de 1876 cumplió 38 años. En 2018, se celebró el cuadragésimo aniversario de la vigente Constitución de 1978. Son ambas la guia, el elemento necesario para el nacimiento y consolidación de lo que se ha denominado-con el paso del tiempo-Régimen de la Restauración y Régimen del 78, respectivamente.

No obstante, sería iluso por mi parte comparar los tiempos de la Vieja y Nueva política con la realidad actual sin destacar los cambios y diferencias que ha sufrido nuestro país en los últimos cien años. España, a su ritmo, siempre detrás, la rezagada de Europa, se ha desarrollado económicamente. Ha vivido también un proceso de democratización posterior a la muerte del dictador Franco y el nacimiento paulatino de una clase media urbana e industrializada, así como el desarrollo de un sistema educativo y de sanidad público en el que se sustenta el actual Estado de Bienestar.

Por otro lado, el análisis de ambos regímenes no se podría llevar a cabo si no se hace una mención especial a los actores principales cuya actuación ha permitido y garantizado la estabilidad de ambos regímenes. Por un lado, en primer lugar, Ortega critica a los dos partidos de su época. El conservador y el liberal. Tanto uno como otro se necesitan para el mantenimiento del propio régimen. Dice Ortega: «los partidos se han ido anquilosando, petrificando, y, consecuentemente, han ido perdiendo toda intimidad con la nación». Pero la crítica de Ortega no se limita solo a los partidos políticos, pues si recuperamos su distinción de España oficial frente a una España vital, éste critica y defiende como apoyos fundamentales del régimen Canovista a la prensa, parlamento, etc. Volviendo al presente, no parece muy lejana la situación descrita hasta ahora.

Hoy los principales partidos han perdido todo contacto con la ciudadanía. La gente que dormía despertó. El 15M fue un golpe de realidad nacido de una sociedad, que se sentía desesperada por la instituciones y la clase política.

Los dos grandes partidos políticos llevaban a cabo medidas y discurso similares. Unión que se plasmó con la reforma constitucional del artículo 135 CE, que a su vez permitió a la ciudadanía identificarlos como un todo y salir a la calle. La gente dijo basta, como ya se hizo en tiempos anteriores, porque la política fue y continúa siendo un problema.

Pero, no obstante, hay una diferencia entre un tiempo y otro. En época de Cánovas, los partidos políticos nacieron del propio régimen, fueron en cierta manera un instrumento más de la máquina corrupta caciquil que fue la Restauración. No hay un proceso de distanciamiento con la sociedad porque nunca estuvieron junto a la sociedad. En cambio, en cierta manera, los dos grandes partidos que hasta había sido la ejemplificación del bipartidismo imperfecto vivido en nuestro país: PSOE y PP poseen una historia propia al margen de las reglas de régimen, aunque con el transcurso de tiempo y funcionamiento del sistema político, todo desencadenó en casi un “turnismo democrático” que se encuentra ya roto tanto por la izquierda como por la derecha. De esta manera, hoy también podemos afirmar la existencia de una crisis política en sentido general, una crisis a la que, como decía Ortega, no escapaba nada.

Además, hoy, la referencia a una Etapa oficial y una España vital, al igual que hizo Ortega, se puede realizar en clave generacional. La juventud en nuestro país se encuentra distanciada de todo aquello vinculado con la política institucional, con la España oficial. Habita ésta-la juventud- en la España vital, en esa España que dijo basta y se levantó en mayo del 2011. Hay un salto generacional, entre una vieja clase política, que mira con risa y vacile a las demandas de las nuevas generaciones y una juventud comprometida con nuevos retos como el cambio climático.  Dos formas de ver España. Una hacia el pasado, otra hacia el futuro.

Todo ello lleva a afirmar que España sigue rota. La  sociedad y el Estado han tomado caminos diferentes. Hoy, más que nunca, las palabras de Ortega son necesarias. Sigue España sumida en un pesimismo, incapaz de dar solución a sus problemas, a sus males.

Pero al reflexionar ante tal realidad, hemos de considerar el desarrollo y progreso que ha vivido nuestro país en los último tiempos. La crisis de la Restauración, cuyo inicio podemos enmarca en 1897 con el asesinato de su autor y sin cuya persona no hubiera sido posible: Cánovas del Castillo. Y que se potenció en 1898 con las pérdidas de las últimas colonias y el fin de lo que un día fue un imperio en el que no se ponía el sol. Se volvió ya en 1914 insostenible tanto social como políticamente. De esta forma, en ese contexto de pesimismo nació la necesidad de renacer, el regeneracionismo fue el movimiento que encarnó esa necesidad de modernización y desarrollo. Pero, por otro lado, si analizamos la sociedad actual, en mi opinión, no nos cubre el manto del pesimismo. Es decir, si nos ubicamos en 1914 y miramos hacia atrás vemos una españa esquelética y triste. Sin embargo, si miramos hacia el pasado situándonos en el presente hasta tiempos de la Transición, momento en el que nace nuestro régimen, la conclusión final es que hemos avanzado, progresado y desarrollado como sociedad. Hemos crecido tanto en el ámbito político, económico o cultural. Pero podemos concluir también que, a pesar de todo, se sigue necesitando de una nacionalización de la vida social y política.

 

Llegando ya al final de esta reflexión, he de preguntarme sobre lo que queda hoy del proyecto regenerador de la Liga para la Educación política. Cuáles fueron sus logros. La España oficial o la vieja política aunque habían entrado en crisis y el sistema se hacía casi insostenible seguía funcionando. La España oficial, con sus hondas raíces en la historia y con el fracaso del proyecto nacionalizador de Ortega, seguía viva en 1914. Y así continuó. Tomando cualquier forma que permitiera su supervivencia. Así, y con ese objetivo, Alfonso XIII recurrió a la dictadura de Primo de Rivera como medida última para salvar un sistema en coma y axfisiante para la ciudadanía. Finalmente, la Restauración murió en abril de 1931.

 

 

 

Hoy, en la actualidad, la España vital que dormía, despertó en 2011 ante una crisis económica y social sin precedentes, a la que se le unió una crisis política y representativa. Se creó, así, el caldo de cultivo necesario para el desarrollo de un proyecto al margen de lo establecido, paralelo al sistema bipartidista que hasta entonces había gobernado España. Pero como en 1931 el sueño duró poco, apenas unos meses, pues en la Elecciones del 20 de noviembre de 2011 el Partido Popular uno de los pilares del régimen, uno de los culpables de la situación para los que ocupaban plazas y calles, ganó con mayoría absoluta. La españa oficial volvió a hacer valer su poder y el problema de españa continuó. Siguió, eso sí, con ciertos matices de importante relevancia, pues, aunque sigue vigente la denominada vieja política, surgieron junto a ésta nuevo partidos y líderes políticos. Además, los viejos partidos han llevado a cabo una transformación en sus direcciones. Hoy la clase política en su conjunto se ha regenerado. Pero no tanto las formas y los discursos. De esta forma, el nacimiento de nuevos partidos ha roto esa España oficial bipartidista, dando lugar a un sistema multipartidista. Pero, pese a que -como he dicho- han cambiado las caras, el mensaje y las formas permanecen. Es decir, la llegada de una nueva clase política, de nuevos partidos que se levantaban contra la casta o el sistema bipartidista, y que se alejaban del eje izquierda derecha han demostrado en sus hechos que sigue vigente en su ADN el estilo propio de la vieja política.

El debate político, la calidad de las ideas así como las estrategias políticas de esta nueva clase política, de este nuevo tiempo, son la ejemplificación auténtica de la vieja política.  Pero al margen de este problema histórico de la política española, que da vuelta sobre su propio ser y deja de lado a los seres-a los ciudadanos- la España vital, la sociedad, no se halla hoy sumisa y tranquila; sino que grita rabiosa. Las movilizaciones feministas o de pensionistas son la ejemplificación misma de una sociedad que pide progreso y mejoras. Una sociedad despierta ante una clase política que no es capaz de mirar más allá de sus propios problemas e intereses. Y es que, las características de la España oficial y de la vieja política a la que hacía referencia Ortega como son los personalismos, la corrupción sirven para describir a esta política que se hace llamar nueva; pero que viste traje viejo y huele a perfume de varon dandy.

En cierta manera, la nueva política no se entiende hoy ya en contraposición con la vieja política, los nuevos partidos son parte ya de la instituciones, el poder del estado les ha cubierto, y se han convertido hoy Podemos y Ciudadanos en las dos muletas, uno por la izquierda y otro por la derecha, de lo que podríamos denominar un nuevo bipartidismos imperfecto.

Por lo tanto, al igual que denunció Ortega hace más de un siglo, la España oficial, la clase política de nuestro país, sigue distanciada de la calle. El régimen del 78 continuó con la tradición española y la distinción entre una España oficial y otra vital, entre la vieja y nueva política. Tanto uno como otro periodo histórico tuvieron sus protagonistas fundamentales. Uno a Cánovas y Alfonso XII, el otro a Suárez, Torcuato Fernández Miranda y Juan Carlos I. Uno se apoyó en el partido liberal de Sagasta y en el conservador de Cánovas, luego el otro primero en la UCD, luego en el PSOE y PP, en  Felipe y Aznar, Rajoy y Zapatero. Pero tanto uno como otro dejó a la ciudadanía sola, sin hacerla partícipe del poder, sin construir una idea de España. Y es que el pueblo que en tiempos de la Restauración marchó a luchar a Cuba y Filipinas marcha hoy a la cola del paro y al comedor social.

No se alcanzó entonces, y aún hoy tampoco, la unión entre Estado y sociedad, entre la política y la gente. La clase política se halla inmersa en una constante luchar por sus  problemas propios, en un juego político en el que no participa-ni participó-la ciudadanía española. Y es que, todo parece indicar que poco ha cambiado, que si hoy se pronunciara aquella conferencia sin salta ni un punto ni coma, a nadie le pasaría por la cabeza de que se habla del pasado y no del presente. Quizás el estilo resultaría un tanto extraño para los más jóvenes, pero se sentirían representados por las palabras que hace más de cien años pronunció Ortega y Gasset. Y es que la esencia y el contenido siguen igual de vivos porque hoy España sigue sumida en un problema, palpita la distinción y vida en común de una España vital  y ofcial, de una vieja y nueva política. Y todo porque parece que los problemas de España, de nuestra política, no tienen solución. No olvidemos-y así acabó- los verso de Gil de Biedma que, al hablar de España en su poema “Apología y petición”, escribió;

Y qué decir de nuestra madre España,

este país de todos los demonios

en donde el mal gobierno, la pobreza

no son, sin más, pobreza y mal gobierno

sino un estado místico del hombre,

¿la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia

sin duda la más triste es la de España,

porque termina mal

(..) Nuestra famosa inmemorial pobreza

(…) dicen que no es culpa del gobierno

sino terrible maldición de España.

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