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4D SIN ESPERANZA: ¿QUÉ OCURRE EN ANDALUCIA?

Que con el cuerpo caliente de aquel 4 de diciembre y Caparrós en la memoria, a mi pueblo de repente, se le olvidará la historia. Que la vieja tiranía a caballo volvería de nuevo a pisotear, desde el campo hasta la mar, el alma de Andalucía.”

Juan Carlos Aragón

 

Hoy hace 43 años de un 4 de diciembre que cambiaría el discurrir de la Transición. Una invitada sorpresa apareció de la nada. Con el recuerdo de aquellos bravos gaditanos que se levantaron en armas un siglo antes para defender la República Federal[1], andaluces y andaluzas de todos los rincones de Andalucía decidieron irrumpir en el escenario político vigente por aquel momento en España. Más de un millón de personas manifestaron en las calles andaluzas – y en las de comunidades con una importante emigración andaluza, como Cataluña – un legítimo deseo. La autonomía. Una ilusión profundamente democrática, capaz de llenar de esperanza una comunidad maltratada y vejada por Francisco Franco. Las décadas de oscuridad y silencio tan recientes en las almas de aquel pueblo fueron mandadas al baúl de la historia por la esperanza que significaba – y significa aún – la autonomía.

Aquel 4 de diciembre también ocurrió un trágico crimen, el asesinato de Manuel José García Caparrós, militante malagueño de Comisiones Obreras asesinado por la Policía Armada. La noticia de su muerte corrió como la pólvora por Málaga, una ciudad que se mantuvo en Estado de Excepción durante varios días. Todavía hoy se recuerda su figura como la de un mártir asesinado por defender la autonomía andaluza, al ser disparado por el mero hecho de tratar de ondear una bandera de Andalucía. Su asesinato se conmemora en este día junto a la celebración de la manifestación. Las imágenes de esta aún hoy son sorprendentes por la ingente cantidad de participantes en ellas, comparables en número solo a lo que hemos vivido de forma reciente con el 8 de marzo.

La manifestación no solo tuvo relevancia en Andalucía. El 4 de diciembre y el proceso autonómico andaluz alteró las coordenadas en las que se estaba llevando a cabo la Transición en lo referente al debate territorial. El pueblo andaluz logró su aspiración tras aquella manifestación, con la convocatoria del Referéndum sobre la iniciativa del proceso autonómico de Andalucía, el cual concluyó con una triunfal derrota pese a las adversidades[2]. El 4 de diciembre no solo cambió la historia de Andalucía, sino la de España en su conjunto. De nuevo, como ya sucedió en otros momentos constituyentes, Andalucía emergió para empujar al progreso de toda España. Tal vez el mayor ejemplo de ello sea la querida Pepa, Constitución promulgada por las Cortes Generales de España reunidas en Cádiz durante la Guerra de Independencia. 165 años después, el sur de España asumía un rol significativo en otro período constituyente a partir del legítimo anhelo de un pueblo “que no quería ser más que nadie, pero tampoco menos”. Un grito de esperanza y solidaridad enmarcado en un tiempo en el que las sombras del franquismo aún atenazaban al conjunto de la ciudadanía española.

Lo sucedido en Andalucía desde aquellos primeros años de democracia hasta nuestros días es bastante conocido. El proceso autonómico andaluz desembocó en una hegemonía política y electoral del Partido Socialista desde las primeras elecciones autonómicas hasta la fatídica noche electoral del 2 de diciembre. La extrema derecha lograba ingresar en una institución tras décadas alejados de ellas y, gracias a ello, la derecha sumó 8 parlamentarios más que la izquierda. La pesadilla se tornó real. La izquierda había perdido el gobierno de la Junta de Andalucía. La pérdida de 14 parlamentarios por parte del PSOE andaluz, debilitado tras el convulso proceso de primarias donde se vio implicada su Secretaria General Susana Díaz, no se vio compensada por el crecimiento de la coalición Adelante Andalucía. Ninguno nos podíamos explicar lo que acababa de ocurrir. La decepción, la desesperanza y la indignación se extendieron entre muchos andaluces, incapaces de creer lo que había ocurrido en su tierra. Andalucía, la comunidad de la izquierda, donde bajo el gobierno del PSOE se habían alcanzado hitos sociales inimaginables antes de la democracia, viraba a la derecha. Ninguno lo supimos ver. Aún no hemos sabido qué hacer.

Los fríos datos electorales señalan los cientos de miles votos perdidos por la izquierda desde 2015. A las 400.000 papeletas que se dejó por el camino el PSOE se sumaron otras 300.000 por parte de Izquierda Unida y Podemos. Uno de cada tres votantes de izquierda decidió no volver a depositar su confianza en las formaciones que representan a la izquierda en Andalucía. Desde aquello, la situación no ha mejorado en absoluto. La lluvia de encuestas publicadas en estos primeros días de diciembre describe un panorama nada halagüeño para las posibilidades de la izquierda. Las elecciones de 2018 no son solo un mal recuerdo, siendo el inicio de un período político donde la derecha poco a poco ha conseguido establecer su dominio, con un programa político similar al llevado a cabo por el Partido Popular en la Comunidad de Madrid. El típico proyecto neoliberal aderezado con las exigencias de VOX para romper consensos fundamentales como el de la violencia de género. Ante ello, la izquierda se ha mostrado inoperante, sin lograr convencer a los que se fueron de que vuelvan por diversas cuestiones políticas y orgánicas. El triste final de Adelante Andalucía y la falta de renovación del PSOE de Andalucía destacan en este punto.

Los y las jóvenes de Andalucía no podemos seguir actuando como si nada ocurriera, como si todo marchara bien en la izquierda de nuestra tierra. Si lo hacemos, si seguimos fingiendo que aquella noche electoral solo fue una pesadilla de la que ya hemos despertado, las ya escasas oportunidades de tener una vida digna en nuestros barrios se esfumarán. La lucha por recuperar la esperanza de poder prosperar en casa pasa por nuestras manos. Empecemos por entender por qué la gente nos dio la espalda el 2 de diciembre; así podremos persuadirles de que recobren la ilusión con la política. Es momento de recordar lo que fuimos como pueblo para poder llegar a ser lo que soñamos como comunidad. Sabemos cómo hacerlo, porque ya lo hemos hecho en otras ocasiones. Como aquel 4 de diciembre, cuando tomamos la calle. Como aquel 28 de febrero, donde ganamos perdiendo. Como en tantas campañas y elecciones donde Andalucía fue decisiva para triunfos del PSOE. Como en tantas movilizaciones juveniles donde defendimos nuestros derechos. Nos va la vida en ello.

 

[1] El 4 de diciembre de 1868 los gaditanos salieron a las calles para defender la República Federal.

[2] Podemos destacar el popular “votaron hasta los muertos”, debido a los defectos del censo en provincias como Almería o Jaén.  

Daniel Valdivia

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