preloader

1 OCTUBRE: cuando nadie ganó

1 DE OCTUBRE: cuando nadie ganó

En un contexto presidido por la  pérdida de apoyo social, crecientes voces críticas y fractura entre las fuerzas independentistas, el 1 de octubre parece ser cada vez una fecha más simbólica, que real, un momento en el calendario para hacer una lectura retrospectiva de uno de los momentos más difíciles de los últimos 40 años de Democracia.

Dos años después de aquella jornada que para muchos supuso el inicio de un camino al margen del resto de España y para otros la máxima ejemplificación del despotismo y la falta de respeto a las reglas y leyes democráticas. Poco queda ya del consenso y unión entre los partidos independentistas. Líderes políticos fugados, otros encarcelados, un juicio visto para sentencia y una ciudadanía que entre diada y diada, entre lazos puestos y lazos quitados ha de pensar como llegar a fin de mes, pagar las altas tasas universitarias, el transporte público o el alquiler. En definitiva, una Cataluña paralizada. La gestión política del Govern es apenas mínima. Todo su discurso se tiñe de amarillo. Nada escapa a ello.

Todo ello quizás haya influenciado para que, hoy, y según los últimos datos del Centro de Estudios de Opinión (CEO) relativos al apoyo a la independencia, muestren el porcentaje más bajo de partidarios de la independencia de los dos últimos años. Pues frente al 48,3 % contrarios a la independencia solo el 44% la apoyan. En esta misma línea, destaca también que solo un 34,5% de los ciudadanos consultados afirmaron preferir que Cataluña sea un Estado independiente, el porcentaje más bajo de respuesta desde febrero de 2012. Frente a este descenso, destaca el aumento de apoyos tanto a la idea de una España federal (24,5%) o una España autonómica (27%). Además solo un 9,1% está a favor de la unilateralidad como vía para obtener la independencia. 

La última Diada del pasado 11 de septiembre fue la ejemplificación misma de este clima presidido por una pérdida progresiva de apoyos por parte de la causa independentista así como un creciente malestar por la gestión del Govern. Las fuerzas independentistas se hallaban cada día más distantes, tanto entre ellas cómo consigo mismo. ERC y JxCat (Junts per Catalunya) no esconden ya sus discrepancia sobre la vía independentista a seguir o la actuación tras la sentencia del juicio al “procés”. Y es que aunque comparten Gobierno, cada vez son mayores las diferencias, ERC intenta alejarse del “mando supremo” de Puigdemont. El populismo que llega desde Bélgica no gusta a la izquierda independentista, cuyo líder se encuentra hoy en la cárcel. Pero son también relevantes las desavenencias dentro de la antigua Convergencia. La unión de los posicionamientos conservadores de JxCat y por otro lado su supuesto radicalismo independentista, obviando las consecuencias económicas y sociales, de la hipotética independencia han fracturado internamente a una organización que según las encuestas está llamada a ser cada vez más irrelevante tanto en el panorama nacional como Catalán. 

El no liderazgo de Torra y la fractura entre los independentista se suman así a la pérdida progresiva de apoyo de la causa separatista. Además, si se tienen en cuenta las últimas noticias relativas a los grupos de CDR y sus propuestas de cortarse carreteras y centrales telefónicas-como auténticos insurrectos, entendiendo que para controlar una territorio lo relevante son las infraestructuras y el conocimiento técnico. Parece ser una piedra más en el objetivo de presentar al separatismo como una causa pacífica alejada de todo atisbo de violencia. Y es que la noticia ha generado inquietud en la sociedad española que teme que el movimiento derive en una lucha mucho más radical. No obstante, creemos que es importante señalar, que no se ha de caer en la dinámica que la derecha mediática y política nos intenta hacer creer. El uso indiscriminado de términos como terrorismo, bombas o muertes, que tan ligado han estado-tristemente-a nuestra Historia más reciente solo conlleva la construcción de una visión errónea sobre el separatismo. Parece en ocasiones que el traer a colación la idea de violencia legitima el uso de la misma. A través de golpes, cortes de carreteras y contenedores en llamas no se va a solucionar lo que que no se ha resuelto a través de la palabra y el acuerdo. 

Atrás queda el entusiasmo del 1 de octubre de 2017, aquel día para muchos el mero hecho de votar por su futuro les convertía en ciudadanos de un nuevo Estado. Para otros, se alteró el significado de la propia acción de votar democráticamente. Votar, solo ello, no hace de un Estado una democracia, así como su prohibición tampoco permite quitar tal título. España dejó hace tiempo de ser un Estado dictatorial. El entender, por lo tanto, a España hoy como si aún gobernase un caudillo o una junta militar es un error, una falsa premisa que lleva al desastre toda propuesta que se sustente en ello. 

El 1 de octubre hubo cargas policiales pero también cero garantías en las votaciones. Se infringió la ley, la propia Constitución. Paradójicamente las misma leyes y Constitución que hoy ampara a los políticos catalanes en el juicio ante el Tribunal Supremo. En un ambiente en el que cada parte se defiende manchando el nombre del otro y lanzando acusaciones partidistas, los principios que consagran el Estado de Derecho se ven envueltos en debates que ponen en cuestión su existencia. Con mucha facilidad se alude también la independencia judicial, algo a lo que todas las partes han apelado creyendo que de esta forma defienden su postura. Unos porque creen que la sentencia será resultado de un estado que los oprime, otros porque defienden que es fruto de los valores consagrados en la constitución y que garatusa un estado democrático de derecho. El resultado: dañar la imagen de las instituciones que dan verdadero valor a la democracia. 

En apenas unos días se prevé que será publicada la esperada sentencia del TS y el ala independentista ya se está movilizando para que la reacción a la misma no nos deje indiferentes a través de la plataforma Tsunami Democràtic, que llama a la desobediencia civil. Es probable que la sentencia sirva para reavivar las llamas de un movimiento que, como muestran los datos, se ha ido apagando. Pero, pese a que dicha sentencia pueda resultar previsible, no debemos olvidar que es precisamente la no influencia de factores externos lo que asegura la independencia judicial y crear una movilización de tal calibre no deja de ser una manera de ejercer presión sobre el poder. Se vuelve a caer así en un juego peligroso para la convivencia. 

No obstante, la cuestión territorial, y concretamente Cataluña, no ha dejado de estar en la agenda política nacional en los últimos meses. 

En el debate sigue la posible aplicación del art. 155, que ha seguido en boca de los principales líderes políticos nacionales durante las fallidas negociaciones para formar gobierno. Se llegó a afirmar que una de las diferencias radicaba en esto. La derecha lo ha tenido presente incluso en Andalucía, donde se llegó a incluir como medida fundamental.  De nuevo, jugar de esta forma con una norma tan relevante en lo que supone nuestra configuración territorial, tan solo ha llevado a aumentar la crispación en la población, algo de lo que la derecha ha querido sacar provecho. 

En los próximos meses, Cataluña seguirá estando en el debate político y ocupará gran parte de las intervenciones en la campaña antes del 10-N. Para hartazgo de algunos y beneficio de otros, a la crisis territorial española que avivó el independentismo catalán le queda mucha vida.  

Te puede interesar..

EMPLEO VERDE FRENTE AL CORANOVIRUS

  La pandemia ocasionada por el coronavirus está provocando numerosos estragos en diversas facetas de nuestra vida, tanto a nivel personal como económico y laboral. ¿Qué esperanzas aguardarán a la sociedad

Leer más

EL TORERO MATA EL TORO

Si algo podemos destacar de la última edición de Operación Triunfo son las polémicas que cada semana incendian las redes sociales. Pero la última de ellas ha dejado atónita a la

Leer más
Usamos cookies para mejorar tu experiencia en nuestra web.